Por Camilo Guevara.
Por estos días todos hemos oído la fastidiosa propaganda de “más trabajo, mejor pagado”. Como no reconocer la turbulenta voz cuyo eco queda repitiendose en nosotros. No obstante, el diagnostico es claro y cala en la población. Solo falta invertir la frase para encontrar su sentido. El trabajo “industrial” cada día disminuye y así las posibilidades de una vida digna.
El desempleo en Colombia es hoy es uno de los más altos de latinoamérica. Según el DANE[1] alrededor del 12,2%, unos dos millones setecientos mil colombianos, se encuentran buscando trabajo, y alrededor de siete millones se encuentran en el rebusque.
Para los dos candidatos (o el equipo de tecnócratas que tienen como asesores económicos) que disputaran la segunda vuelta, el tema se reduce al problema de los incentivos a la hora de contratar. Según dicen, los altos costos laborales no salariales (Parafiscales, salud y pensiones) no permiten la contratación directa. Es posible que la reducción de dichos costos cree algunos empleos, sin embargo, no sería una reforma de alto impacto en la creación de un trabajo digno[2].
El tema del “trabajo industrial” y de mejorar las condiciones del mismo, no es hoy un problema macroeconómico sino estructural. Por algo la propaganda ha sido utilizada tanto en Honduras como en México y la promesa de creación de más empleos siempre es tema de debate electoral. Aquí y en Cafarnaúm.
Los diagnósticos abundan y se generaliza con el titulo de la crisis de la sociedad salarial. Mencionaremos algunos de estos.
Para Jean Paul Fitoussi, la cuestion reside en que el mercado de trabajo ha pasado de ser regulado por las instituciones políticas representativas del gobierno y el Estado a “auto-regularse”. En este sentido es poco lo que los ministros de economía pueden hacer al enfrentarse a las fuerzas del mercado, en un contexto donde el poder es cada vez más global mientras que la política es más local, sin duda uno de los rasgos que ha caracterizado esta globalización.
Para otros, el auge de las nuevas tecnologías de la información ha puesto en jaque el “trabajo industrial”. Jeremy Rifkin señala en el Fin del trabajo que las maquinas han destruido gran parte (1/3) del trabajo estadounidense y de continuar el crecimiento acelerado, la sociedad tendría que buscar nuevas formas de organizacion. Nos dice que las tecnologías pueden crear trabajo, pero muchísimo menos del que destruyen.
Así pues, la centralidad del trabajo perdería sentido en economías posindustriales e informacionales donde el eje central no sería el trabajo material.
Por otra parte, el trabajo cada vez deja de ser productor de identidad y de sujetos sociales. Hoy por el contrario abundan los movimientos sociales que no están involucrados al trabajo ni a la lucha de clases. Los movimientos estudiantiles o los movimientos contra el calentamiento global serian un ejemplo. Además, la individualización de los salarios, ha debilitado el movimiento sindical. En ese sentido el trabajo deja de ser el articulador de las relaciones sociales.
Para otros, la dinámica de financiarizacion hace que las empresas reinviertan cada vez menos las ganancias en el sector productivo y más en el sector financiero en el que obtienen rendimientos a corto plazo, por la lógica de los capitales impacientes. Al debilitar el sector productivo, se debilita el empleo.
Podríamos seguir enumerando, pero no tiene caso. Lo cierto es que hoy el trabajo industrial ha resultado bastante golpeado y esto se traduce en seres humanos que no pueden comer, ir al médico o adquirir bienes y esto es peor cuando hoy en el imaginario, los pobres ya no son los desempleados sino los que no pueden consumir. Trabajar en alguna medida era un acto colectivo, consumir no lo es.
No obstante, no se trata de una perspectiva de un antes mejor y un ahora peor. Los candidatos, dada la complejidad de la crisis, podrían pensar en establecer un ingreso básico universal, por ahora, como una medida eficaz contra la pobreza y la falta de empleo, aunque sin duda la idea sería presentarlo como una conquista politica, ligado a la condicion de ciudadano. Podríamos comenzar por universalizar familias en acción que ha terminado siendo una verdadera maquinaria política por su carácter condicionado. Eso sí, tendríamos que cuestionar profundamente nuestras creencias. Desde la ética del trabajo, según la cual, para recibir dinero hay que hacer algo que los demás consideren digno y valioso y aquello que dice que trabajar es un valor en sí mismo, noble, bueno y jerarquizador.
Sin duda, esto implica también abandonar esa vieja creencia marxiana, de que la esencia del hombre es el trabajo, y de que lo humano del hombre se constituye en el acto de conseguir los medios para sobrevivir. Más bien, podríamos seguir a Heidegger en su antiesencialismo. Ante todo somos “un proyecto y un poder ser”.Seria mejor pensar el trabajo como aquello que hacemos y no como aquello que tenemos o no. De ahí que Andre Gorz prefiera llamarlo actividad, separando el derecho a recibir un ingreso y su capacidad real de producirlo.
Quizá solo cuando comprendamos que las sociedades son autónomas, y que crean los significados e instituciones con los cuales se pueden organizar, podamos salir no solo de esta crisis sino de cualquier crisis en general. La peor crisis como ha señalado Castoriadis, es habernos dejado de cuestionar a nosotros mismos.
PD. Para los que argumentan que hay una desvalorización del pasado y la historia en estos planteamientos, recomiendo el libro. La miseria del historicismo de Karl Popper de Alianza editorial. Provocador y creativo.
El desempleo en Colombia es hoy es uno de los más altos de latinoamérica. Según el DANE[1] alrededor del 12,2%, unos dos millones setecientos mil colombianos, se encuentran buscando trabajo, y alrededor de siete millones se encuentran en el rebusque.
Para los dos candidatos (o el equipo de tecnócratas que tienen como asesores económicos) que disputaran la segunda vuelta, el tema se reduce al problema de los incentivos a la hora de contratar. Según dicen, los altos costos laborales no salariales (Parafiscales, salud y pensiones) no permiten la contratación directa. Es posible que la reducción de dichos costos cree algunos empleos, sin embargo, no sería una reforma de alto impacto en la creación de un trabajo digno[2].
El tema del “trabajo industrial” y de mejorar las condiciones del mismo, no es hoy un problema macroeconómico sino estructural. Por algo la propaganda ha sido utilizada tanto en Honduras como en México y la promesa de creación de más empleos siempre es tema de debate electoral. Aquí y en Cafarnaúm.
Los diagnósticos abundan y se generaliza con el titulo de la crisis de la sociedad salarial. Mencionaremos algunos de estos.
Para Jean Paul Fitoussi, la cuestion reside en que el mercado de trabajo ha pasado de ser regulado por las instituciones políticas representativas del gobierno y el Estado a “auto-regularse”. En este sentido es poco lo que los ministros de economía pueden hacer al enfrentarse a las fuerzas del mercado, en un contexto donde el poder es cada vez más global mientras que la política es más local, sin duda uno de los rasgos que ha caracterizado esta globalización.
Para otros, el auge de las nuevas tecnologías de la información ha puesto en jaque el “trabajo industrial”. Jeremy Rifkin señala en el Fin del trabajo que las maquinas han destruido gran parte (1/3) del trabajo estadounidense y de continuar el crecimiento acelerado, la sociedad tendría que buscar nuevas formas de organizacion. Nos dice que las tecnologías pueden crear trabajo, pero muchísimo menos del que destruyen.
Así pues, la centralidad del trabajo perdería sentido en economías posindustriales e informacionales donde el eje central no sería el trabajo material.
Por otra parte, el trabajo cada vez deja de ser productor de identidad y de sujetos sociales. Hoy por el contrario abundan los movimientos sociales que no están involucrados al trabajo ni a la lucha de clases. Los movimientos estudiantiles o los movimientos contra el calentamiento global serian un ejemplo. Además, la individualización de los salarios, ha debilitado el movimiento sindical. En ese sentido el trabajo deja de ser el articulador de las relaciones sociales.
Para otros, la dinámica de financiarizacion hace que las empresas reinviertan cada vez menos las ganancias en el sector productivo y más en el sector financiero en el que obtienen rendimientos a corto plazo, por la lógica de los capitales impacientes. Al debilitar el sector productivo, se debilita el empleo.
Podríamos seguir enumerando, pero no tiene caso. Lo cierto es que hoy el trabajo industrial ha resultado bastante golpeado y esto se traduce en seres humanos que no pueden comer, ir al médico o adquirir bienes y esto es peor cuando hoy en el imaginario, los pobres ya no son los desempleados sino los que no pueden consumir. Trabajar en alguna medida era un acto colectivo, consumir no lo es.
No obstante, no se trata de una perspectiva de un antes mejor y un ahora peor. Los candidatos, dada la complejidad de la crisis, podrían pensar en establecer un ingreso básico universal, por ahora, como una medida eficaz contra la pobreza y la falta de empleo, aunque sin duda la idea sería presentarlo como una conquista politica, ligado a la condicion de ciudadano. Podríamos comenzar por universalizar familias en acción que ha terminado siendo una verdadera maquinaria política por su carácter condicionado. Eso sí, tendríamos que cuestionar profundamente nuestras creencias. Desde la ética del trabajo, según la cual, para recibir dinero hay que hacer algo que los demás consideren digno y valioso y aquello que dice que trabajar es un valor en sí mismo, noble, bueno y jerarquizador.
Sin duda, esto implica también abandonar esa vieja creencia marxiana, de que la esencia del hombre es el trabajo, y de que lo humano del hombre se constituye en el acto de conseguir los medios para sobrevivir. Más bien, podríamos seguir a Heidegger en su antiesencialismo. Ante todo somos “un proyecto y un poder ser”.Seria mejor pensar el trabajo como aquello que hacemos y no como aquello que tenemos o no. De ahí que Andre Gorz prefiera llamarlo actividad, separando el derecho a recibir un ingreso y su capacidad real de producirlo.
Quizá solo cuando comprendamos que las sociedades son autónomas, y que crean los significados e instituciones con los cuales se pueden organizar, podamos salir no solo de esta crisis sino de cualquier crisis en general. La peor crisis como ha señalado Castoriadis, es habernos dejado de cuestionar a nosotros mismos.
PD. Para los que argumentan que hay una desvalorización del pasado y la historia en estos planteamientos, recomiendo el libro. La miseria del historicismo de Karl Popper de Alianza editorial. Provocador y creativo.
Estudiante de la maestría en Sociología Unal.
[1] http://www.caracol.com.co/nota.aspx?id=1305998
En primer lugar, Bienvenido Camilo y todas sus ideas a éste espacio. En segundo lugar, me parece muy relevante y pertinente su análisis a propósito de las transformaciones inducidas al concepto del trabajo, la dimensión política y social que le subyace y en sí de la magnitud del problema. De esto en términos económicos, hay que tener en cuenta, que inclusive en la interpretación colectiva, el trabajador industrial junto con la industria se ha ido debilitando, ya no se tiene esa concepción del trabajo fabril y del lugar de trabajo, sino del ser que está en movimiento que necesita de la felxibilidad, y con ello se venden argumentos debatibles como que son aumentos y rigideces salariales las razones del desempleo. Como usted lo menciona, esto obedece a un problema estructural, pero en mi opinión no sólo del problema (del trabajo como acción de transformación y relación social y del desempleo), sino también de las políticas para controlarlo. Esto es algo que sin duda hay que debatirlo a profundidad, una revisión a teorías Keynesianas y Poskeynesianas, en opinión personal, en éste punto de la historia es más que pertinente.
ResponderEliminarExcelente columna y muchas gracias por su aporte. La verdad es que pienso en argumentos para cuestionar esta posición y me parece muy difícil encontrarlos. Sin embargo voy a intentarlo con el ánimo de ampliar un debate que me parece muy interesante y también con la intención de que usted vuelva a escribir en el CEID. Empecemos pues por tratar los argumentos que usted ofrece uno por uno.
ResponderEliminar1. Afirmar que el problema del desempleo es estructural con el argumento de que la molesta propaganda subliminal de Santos se ha usado en varias partes y que además obedece a la "crisis de la sociedad salarial" no me parece del todo convincente para explicar lo que sucede en Colombia. En mi opinión los pensadores latinoamericanos tienden a responder, en ocasiones de manera errónea, a los problemas de la región con base en los diagnósticos que hacen los pensadores del primer mundo de sus propios problemas. ¿Hemos acaso agotado acá todas las posibles fuentes de empleo como para pensar que la extensión del trabajo asalariado no es una posibilidad para superar la pobreza y consolidar un modelo de desarrollo próspero? En mi opinión no, pues considero que hay obstáculos en la distribución de los recursos productivos (como por ejemplo la tierra) y en la orientación de la política macroeconómica (inserción internacional basada en tratados de libre comercio, sesgo hacia la promoción de sectores que no crean empleos, etc) que impiden que la absorción de trabajo asalariado sea inferior al potencial de la economía colombiana. Además ¿por qué países de un nivel de desarrollo similar al nuestro tienen tasas de desempleo inferiores? ¿Por qué Colombia en particular, a partir de las reformas de la década de los noventa, tiene tasas de desmpleo mas elevadas que los demás países de la región?
2. El argumento de Fitoussi es interesante e indudablemente que apunta a un hecho cierto: liberar a las fuerzas del mercado lo que sucede con las transacciones de un determinado bien (en este caso la fuerza de trabajo) restringe el control que puedan tener las autoridades de lo que suceda en el mercado de ese bien en particular. Sin embargo no necesariamente el hecho de que el mercado de trabajo esté flexibilizado implica tasas de desempleo e inseguridad social alta. Esto contradice la evidencia de lo que sucede en los países nórdicos donde existe una fuerte inversión en políticas activas y pasivas de empleo y esfuerzos estatales significativos para reducir el desempleo friccional que hacen que estos países tengan la percepción de seguridad social más alta y tasas de desempleo inferiores al 5%. Además que un control fuerte del mercado de trabajo por parte del Estado, conlleva una serie de problemas como por ejemplo las pérdidas de eficiencia y los impactos económicos desastrosos que los excesos de poder estatal pueden tener.
3. El argumento de Rifkin puede tener cierto sustento empírico pero de ahí a inferir la conclusión del fin del trabajo hay mucho trecho. La automatización de los procesos indudablemente que desplaza mano de obra, sin embargo, las demandas humanas por bienes y servicios son inagotables, el trabajo humano siempre encontrará un lugar donde será necesario. Esto sin embargo nos lleva a replantear la idea misma de trabajo: si las necesidades básicas de la humanidad pueden solventarse con una jornada laboral reducida, ¿por qué no liberar progresivamente a los seres humanos de las horas que deben dedicar a trabajar para que puedan dedicarse a la actividad libre (aquella que se realiza sin la retribución de un salario)? No obstante esto se enfrenta a una serie de dificultades, pues, en un mundo globalizado indudablemente que una reducción de la jornada laboral manteniendo el salario constante significaría, para los empresarios de un país, una dificultad para competir con las empresas de otros países donde la jornada laboral no se haya reducido (pensemos en lo difícil que resulta para los empresarios europeos enfrentar la competencia de los chinos). Así, tenemos que la lógica del capitalismo le impone una seria restricción a las intenciones de reducir la masa horaria sin disminuir la masa salarial, a pesar de que en teoría el desarrollo tecnológico actual podría permitirlo.
ResponderEliminar4. Es cierto que el trabajo ha perdido centralidad en la configuración de identidades. Sin embargo ¿qué reivindicaciones podrían congregar a personas con ideas y creencias tan distintas si no son las ligadas al trabajo? Además eso debe ser sometido a un análisis sociológico para nuestros países pues ¿No es acaso factible pensar que valores como la estabilidad laboral y la idea de que "yo soy aquello que produzco" son aún muy fuertes en América Latina en relación con lo que pasa en los países desarrollados?
5. Es innegable que existe un proceso de financiarización de la economía a nivel mundial pero ¿es que acaso el sector servicios, y particularmente el financiero, no crea empleos? Las estadísticas del DANE demuestran que este sector ha sido el mayor generador de empleo durante los últimos años.
6. Finalmente ante el argumento antiesencialista que califica injustamente al pensamiento marxiano de esencialista por definir que "lo humano del hombre se constituye en el acto de conseguir los medios para sobrevivir", habría que decir que detrás del pretendido esencialismo marxiano hay una concepción dialéctica de la historia que no puede desconocerse. Me parece que este punto es el que no han logrado entender filósofas como Domenique Medá que son las que han realizado esta acusación. La idea, como lo expresó Marx en la ideología alemana, es la siguiente: los hombres inevitablemente se relacionan de cierta manera para producir los medios necesarios para vivir, sin embargo, el carácter de esas relaciones es un carácter alienado, pues los seres humanos no pueden controlarlas a su antojo o conforme a su voluntad, por esta razón es que se habla de una existencia prehistórica del hombre, de un dominio del reino de la necesidad. Sólo mediante el desarrollo de las fuerzas productivas es que el hombre logra sobreponerse a esta condición alienada y logra que no sean las relaciones de producción las que condicionen su existencia, sino que él mismo, entendido como especie, pueda decidir libremente cómo organizarse. He aquí el valor de la concepción materialista de la historia: el esencialismo es un momento del desarrollo histórico del hombre, algo que debe ser superado. Y en esto habría que reivindicar a Hegel para quien la realidad no era tan importente como para que los pensadores tuvieran que decirle cómo debería ser. Por eso es que propuestas como estas pueden parecer idealistas, pues pueden partir de una cierta incomprensión del momento histórico en el que se enmarcan. Aunque por supuesto usted me dirá que la misma idea de necesidad impuesta por el contexto hace parte de una comprensión moderna de la realidad de la cual no he podido desprenderme, que me lea el libro de Gorz titulado "Miserias del presente, riqueza de lo posible". Sin embargo creo que aquí nuestras divergencias deberían validarse, no conforme a quien se acerca más a la verdad, sino con base en cuáles son las ideas que tienen mayor efectividad para transformar lo que queremos transformar, en cuál es el pensamiento que logra sobreponerse a la impotencia.
ResponderEliminarBueno eso era todo.
Chao y de nuevo gracias por participar