jueves, 4 de marzo de 2010

Columna de Opinión

Por David Ernesto González Ruiz*

“Por lo demás, los hombres no derivan placer alguno (antes bien, considerable pesar) de estar juntos allí donde no hay poder capaz de imponer respeto a todos ellos. […]. En tal condición no hay lugar para la industria; porque el fruto de la misma es inseguro. Y por consiguiente tampoco cultivo de la tierra; ni navegación, ni uso de los bienes que pueden ser importados por mar, ni construcción confortable; ni instrumentos para mover y remover los objetos que necesitan mucha fuerza; ni conocimiento de la faz de la Tierra; ni cómputo del tiempo; ni artes; ni letras; ni sociedad; sino, lo que es peor que todo, miedo continuo, y peligro de muerte violenta; y para el hombre una vida solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta”(Thomas Hobbes, Leviatán)

Con los recientes brotes de violencia que se han presentado en la capital colombiana se ha puesto de manifiesto que es necesario el monopolio de la violencia. Como decía Hobbes es mejor temerle a una persona que temerle a todos. Y eso, es lo que recientemente a pasado en Bogotá. La constante amenaza de violencia que ejercen los partidarios de los transportadores (o por lo menos, eso es lo que percibimos de los medios) ha provocado el colapso y el caos reinante. En el imaginario social por estos días, se impone la percepción de inseguridad. Ya no sabemos quien es el enemigo y por lo tanto, preferimos la sensación de seguridad que tenemos en nuestros hogares.
Pero, ¿quién tiene la razón? A mi juicio, lo que le ha faltado a la administración de Samuel Moreno y en realidad, a todas las administraciones donde se ha querido modernizar el Sistema de Transporte Público ha sido una socialización con la comunidad, que en últimas, es quien utiliza este servicio vital - como lo hemos podido comprobar - para una ciudad, mostrar las ventajas/desventajas de este sistema. Volver a la democracia participativa. Es cierto, con la democracia representativa se ha solucionado el problema del crecimiento demográfico y la complejidad de las redes sociales. Pero, tratándose de una situación que es sensible a la mayoría de ciudadanos (como lo es, la movilidad en la ciudad) la pedagogía cumple un papel determinante en el grado de aceptación de una política pública con alto grado de afectación social. Es importante que las demás ciudades tomen el ejemplo de Bogotá, y los gobiernos locales asuman un compromiso serio de educación a la comunidad frente a políticas públicas con alto grado de afectación social.


PD: A los miembros del CEID, por favor pasar a firmar el proyecto de este semestre donde Dorita. URGENTE
*Investigador Asociado CEID. Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad total del autor.

2 comentarios:

  1. Buena columna. La pedagogía ayudaría a que los grupos afectados comprendieran la necesidad del cambio y a su vez legitimaría las acciones buenas del gobierno por tener el respaldo del resto de la ciudadanía. Así, les quedaría mas difícil a grupos de presión como los transportadores pasar a las vías de hecho para exigir sus intereses. Sin embargo, en el caso de lo ocurrido en Bogotá ¿podría haberse evitado el paro con la pedagogía? ¿no estamos acaso ante un grupo de presión que ha sido una piedra en el zapato para los procesos de modernización que han querido emprender las anteriores administraciones?, ¿no estamos ante un grupo que aprovechándose de sus posibilidades de paralizar a la ciudad quieren capturar abusivamente rentas del Estado?
    Lo que yo percibo gracias a este paro es que se ha debilitado el sentido de la responsabilidad que los ciudadanos debemos asumir por nuestro bienestar, y se ha generado una cultura donde se le exige al Estado responder en forma creciente por todo lo que nos afecta. ¡Que se jodan!

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  2. El supuesto apoyo de los bogotanos a los transportadores me sorprendió. Acaso todos tenemos un tío busetero? Estamos muy contentos con nuestro sistema de transporte? Aceptaríamos una mejora en las condiciones de los transportadores, incluso a costa de una tarifa mayor? No creo plausible ninguna de estas respuestas. Será entonces la simple fascinación por la adrenalina y la violencia, características de la juventud, lo que causó los enfrentamientos? Sin duda, reina la ignorancia y falta pedagogía (muchos creían que el paro era contra transmilienio, por ejemplo). Pero, como informar detalladamente a ocho millones de personas? Peor aún, cómo ponerlas de acuerdo?
    En fin, aunque el transporte nos afecta a todos, es en principio un problema técnico y esperemos que como tal se resuelva, por los expertos, con la mayor transparencia y de la forma más incluyente posible, siempre pensando en la mayoría de los bogotanos, los de a pie.
    Andrés Fuerte Posada - CEID

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