domingo, 7 de marzo de 2010

Opinión: Agenda electoral y razones para votar

Por: Sergio Chaparro Hernández*
                                                                                                          
Partiendo de que los ciudadanos debemos votar, no por los políticos que nos ofrezcan apetecibles tamales en medio de festivas parrandas en los barrios, excitantes ofertas de desnudismo, fotografías donde su fealdad trata de ser ocultada en vano o persuasivas sumas de dinero, sino más bien pensando en quiénes podrían ser aquellos capaces de formular y defender las propuestas que verdaderamente necesita este país, ofrezco tres breves reflexiones sobre mi percepción general de las elecciones que se avecinan:

1. Una de las muchas herencias desastrosas que el uribismo le ha dejado a Colombia es la definición de unos temas sobre los cuales los candidatos deben pronunciarse obligatoriamente si aspiran a ser elegidos. Aún mas, ha limitado de tal forma las posibles respuestas que se le pueden dar a ciertos problemas, que algunos planteamientos otrora razonables han quedado desterrados definitivamente del discurso de todo candidato que pretenda tener chance. ¿De cuándo acá la suerte del presidente antecesor o qué tanta fidelidad se tenga a su discurso deben hacer parte de los temas de los programas de gobierno de los candidatos? ¿De cuándo acá se determinó que la superación del conflicto armado en este país solo es posible por la vía del plomo (seguridad democrática)? ¿De cuándo acá se estableció que el mejor candidato es aquel más dispuesto a echar bala, es decir, aquel que resulte más salvaje? ¿Por qué criterios para decidir por quién votar como las propuestas para combatir el desempleo (que ya se acerca a un aterrador 15%), o los planteamientos sobre el modelo de desarrollo que necesita el país para superar el atraso y la pobreza, o el tema de la descentralización, la justicia, la educación, entre otros, han quedado relegados a un segundo plano?

2. Los candidatos dicen que van a hacer tal cosa o tal otra pero se olvidan de pronunciarse sobre aquellos factores que impiden que la política en Colombia pueda ser el espacio donde a partir de la deliberación se tomen las decisiones más acordes con los intereses nacionales. Mientras no se propicie una transformación que permita que la política deje de ser un espacio donde se transfieren recursos de los contribuyentes a los políticos más corruptos o se legisle a favor de unos pocos pero poderosos grupos económicos, los objetivos loables que un candidato pueda plantearse y los anhelos de quienes aspiran a que el país mejore gracias al ascenso de un buen político quedarán irremediablemente truncados. La política debe convertirse en el espacio donde todos decidamos colectivamente cómo vivir. Pero cuidado, cualquiera que pretenda ver en estas palabras un preámbulo para hacer proselitismo a favor de Sergio Fajardo que no se equivoqué, pues nada más distante a esa percepción. Si bien Fajardo pone el énfasis en este punto sus propuestas resultan del todo insuficientes para lograrlo, incluso ingenuas (como casi todo lo que propone). No basta, aunque es importante, con que los políticos elegidos tengan un comportamiento intachable (lo cual depende de que los votantes descarten a aquellos que han tenido antecedentes de corrupción y a los partidos que han sido cómplices de ello, es decir, que descarten al 90% de quienes están en el tarjetón). Es necesario además avanzar hacia el desmonte de las estructuras políticas que han permitido que el Estado esté hoy capturado por las mafias o por los intereses económicos de los de siempre. Esto a su vez implica reversar el proceso de concentración de la riqueza en las regiones que es lo que permite que las conciencias sean compradas, que la ignorancia y la necesidad lleven a que la gente entregue servilmente su voto -que es su única vía de participación- a una voluntad ajena a sus intereses, bien sea por un plato de lentejas, por tener la presión de un revólver en la cabeza para ir a las urnas o por cualquiera de las absurdas motivaciones por las que siempre ha votado la gente en este país.

3. Ya que por estos días los políticos andan invocando por doquier al señor Dios y muchos de quienes regalan su voto citan frecuentemente la biblia para no parecer ignorantes y dárselas de hombres buenos, deberían tomarse más en serio las sagradas escrituras y aplicar el precepto Por sus frutos los conoceréis (Mateo, 7, 16) al momento de decidir por quién votar.

Irremediablemente, quien realice este ejercicio y además decida hacerles a los candidatos al senado, la cámara y la presidencia las exigencias derivadas de los otros dos puntos aquí enunciados, se encontrará que las opciones que le quedan podrían contarse con los dedos de una mano mocha. Pero bueno, entonces aún hay esperanza.

Investigador del CEID, y (ya casi) economista de la Universidad Nacional  

4 comentarios:

  1. La política debe ir acompañada de la libertad. Y sobre, todo en la democracia liberal que profesan los estados modernos… por eso no nos digamos mentiras vivir en una sociedad libre y democrática es muy complicado, es mejor que “el mesías” nos oriente, maneje y coacte nuestra libertad. Por eso, proponer que “… la política en Colombia pueda ser el espacio donde a partir de la deliberación se tomen las decisiones más acordes con los intereses nacionales.” Es algo loable más no creíble, ya que, primero debemos educar a la sociedad en cuanto a libertad se refiere…Y quiero terminar mi comentario citando a Fernando Savater cuando dice “quien nunca se siente reclamado en conciencia democrática a hacer lo que cree que debe hacerse no queda excusado por mucho lamentar elocuentemente que los gobiernos tampoco lo llevan a cabo. […] es justo reconocer nuestra co-responsabilidad social por no prevenir situaciones próximas a nosotros que verosímilmente han de acabar en delitos o desastres”. Con esto, quiero decir que nuestra labor como grupo CEID y además como futuros economistas de la sociedad colombiana es seguir nuestras convicciones y aplicar nuestros conocimientos a tantos desafíos que existen…

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  2. Comparto la mayoría de los postulados del compañero Sergio, sus argumento sobre por qué (y cómo votar), pero por otro lado me pregunto, ¿por qué no se manifiesta el desencanto de los colombianos frente a sus instituciones (a excepción de nuestro mesiánico presidente y de los “héroes de la patria”) y sus dirigentes de alguna manera? ¿Será la abstención la respuesta a este interrogante? ¿O será que tanta frustración no les permite a los colombianos si quiera reflexionar un instante sobre si hay alguien (o algunos) por quien valga la pena votar y dedicar algunos minutos del sagrado domingo para hacerlo? ¿Será por esto que la política colombiana adolece de renovación? Es decir, los pocos que votan, por las razones que sea, se encargan de (re)elegir a los mismos desfatachados personajes (la tapa es el PIN y las infaltables glorias de la farándula nacional).
    Ojalá con algo de reflexión y conciencia, esta situación cambie pronto.
    Andrés Fuerte Posada - CEID

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  3. Para que la política se convierta en un espacio donde colectivamente puedan tomarse decisiones convenientes para el país se requieren muchos cambios. Que estos cambios sean complejos no significa que sean imposibles. Ahora bien, la libertad no necesariamente implica que una sociedad democrática vaya a tomar malas decisiones como para afirmar que es preferible que las tome una sola cabeza. Frente a esta posición pesimista sobre el ser humano defendida por Hobbes, los más grandes pensadores liberales de todos los tiempos (Locke, Hume Mill, Hayek, Rawls, Sen, etc) han tratado de fundamentar sólidamente la confianza en que la libertad traerá a la larga mas bienes que males.

    Respecto al tema de los determinantes de las malas decisiones de los votantes, normalmente se suele poner el énfasis en la educación. Sin embargo, si bien esta es un factor fundamental también existen desigualdades estructurales que impiden que las conciencias dejen de ser compradas y que a los electores les de lo mismo votar por cualquiera. Asumir la posición de que uno si piensa por quien votar mientras otros no lo hacen (a pesar de que puede ser verdad), se convierte en un reproche intelectualista (o moralista) contra personas de las que quizás, dadas las condiciones en las que viven y el contexto político en el que se mueven, no puede esperarse otra actitud. Por ejemplo, que en Bogotá pese cada vez más el voto de opinión es el resultado no solo de la educación de los electores, sino también del aumento en la confianza en las autoridades públicas y de las mayores oportunidades que el desarrollo trae para las personas, oportunidades que se retroalimentan entre sí.

    Pd: Está como buena la frase de Savater, la voy a tomar como base para una próxima columna. Fuerte escríbase una.

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  4. Para nadie es un secreto que la abstención de muchos colombianos por votar se debe a los incipientes resultados que han sido visibles en los diferentes entornos donde se ubican; sin embargo, creo que es un tanto fuerte acusar o desvirtuar los motivos que impulsan a las personas a votar. Quizá un tamal, una porción de lechona o un simple refresco, si bien para unos no valen nada, para otros pueden representar, tal vez, el único beneficio que recibirán en mucho tiempo.

    Antes de poner en entre dicho los motivos de votar o no, a mi juicio, parece necesario identificar las causas de donde se desprenden estas acciones, la masiva ignorancia en que nos encontramos y el olvido de regiones completas en cuanto a educación y verdaderas políticas que permitan al pueblo colombiano, en su conjunto, buscar criterios satisfactorios atendiendo a lo que para ellos comenzará a ser visible, eso que va más alla de sus problemas locales y que empieza con el análisis de las propuestas y viabilidad política.

    Hay que aprender a jugar con los juguetes que tenemos, pero si carecemos de estos, ¿cómo intentar entrar al juego?

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