viernes, 30 de abril de 2010

Comentario a las recientes encuestas electorales en Colombia

Por: Roberto Mauricio Sánchez Torres*
Mi comentario de este semana está referido a los resultados de las encuenstas electorales de esta semana. La encuesta de Datexco, para CM& muestra que el 39% de los encuestados votaría por Mockus, mientras que el 27% por Santos. Por otro lado en la encuesta realizada por el Centro Nacional de Consultoría el 39% votaría por Mockus, mientras que el 34% lo haría por Santos. La muestra en la encuesta de Datexco es de 2225 personas, mientras que la de el CNC es de 1000 encuestados. Por su parte, el Censo Nacional Electoral para las próximas elecciones es de 26.595.717 personas.

Mi comentario a los resultados se refieren únicamente a los problemas de veracidad de encuestas de este tipo, dejando a un lado el análisis político, que por supuesto, requiere mayor rigurosidad.

Si bien, las encuestas muestran tendencias importantes, coincido con Posada Carbó, quien afirma que éstas "solo nos permiten examinar con alguna certeza las simpatías del electorado. Son simpatías volátiles, condicionadas a corto plazo por las elecciones presidenciales. Pero quizá tales resultados nos estén diciendo algo más sobre el nuevo rumbo del sistema de partidos", como escribí en una columna anterior, creo que lo importante del llamado "tsunami verde" no es que Colombia tendrá una propuesta íntegra de desarrollo económico y social, sino que la verdadera opotunidad es dejar a atrás el tradicionalismo partidista, y el letargo político del país, en ese sentido el candidato Mockus es una verdadera alternativa.

Pues bien, en mi opinión tres son los factores que indican serios problemas en la veracidad y confiabilidad de las encuestas. 1. Tamaño muestral. Si bien en término absolutos el tamaño muestral es importante, al ver el tamaño poblacional es en realidad muy pequeño gira entre el 0,000037% y el 0,000083%, esto implica, entre otros, problemas de correlación de los errores muestrales. (el tamaño poblacional es el Censo Nacional Electoral). 2. Ubicación de la Muestra. Como se observa en las fichas técnicas los lugares donde se ubican los encuestados, son centros urbanos grandes y pequeños, pero se deja a un lado el sector rural donde se encuentra el 20% del censo electoral, voto que es tradicionalista, y esto, quizás sería una reducción del llamado "voto de opinión" que representa Mockus. 3. Abstencionismo. Como siempre, el abstencionismo en el sistema político colombiano es muy significativo, y ese factor no lo tienen en cuenta las encuestas, en las pasadas elecciones gran parte del abstencionismo estuvo en la población joven, la misma población que en su mayoría apoya al cantidato del Partido Verde, quizás por ese motivo el día de ayer cuando se le peguntó por el crecimiento de su intención de voto lo que respondió Mockus inteligentemente fue "voy a invitarlos es a que revisen de antemano la página web de la registraduría para que verifiquen donde esta inscrita su cédula, dónde pueden votar, no dejen eso para última hora, y ese domingo votar temprano desde la 7 de la mañana, no vaya y sea que por la tarde haya congestion" (Entrevista CM&).

Nota Marginal: Como siempre, quiero advertir que la idea de este espacio es dar una opinión y no juicios rigurosos, buscando por supuesto, controvertir en los diferentes enfoques y posiciones. Descarto de antemano, y me gustaría que dijera las cosas de frente la persona que hizo el último comentario a mi espacio escrito la última semana, que con una posición de ofensa criticó a quien escribe y no lo que se escribe. Que por lo que observé y por las argumentaciones, que por lo banales no creo necesario controvertir, es la misma persona que realizó los comentarios a la columna de Carlos. En fin, creo que lo importante es darle trascendencia a lo importante, por lo que en adelante no me referiré a comentarios como los de ese "anónimo" a pesar de que eventualmente continúen apareciendo.



 *Estudiante de Economía Universidad Nacional de Colombia. Integrante del CEID

jueves, 29 de abril de 2010

El concepto del desarrollo: una nota sobre las categorías en lo económico.

Eder Carrascal*

Una breve inmersión en la discusión pertinente a la cuestión del desarrollo denota un problema cuya resolución es evidentemente compleja y difícil.
Este problema ha radicado en la multiplicidad de perspectivas, que se presentan provenientes de marcos teóricos aparentemente distintos y disimiles. Se trata en suma de permitir una definición acertada y clara sobre lo que implica el desarrollo. Siempre se ha visto que la ciencia económica ha generado todo un campo de investigación, lo que al profano le parecería cierto asumir que el desarrollo económico es en últimas desarrollo en sí. Nuevas perspectivas desde otras ciencias sociales agregan elementos de discusión, y no creen en la idea economicista de que el desarrollo se base simplemente en una idea de progreso material.
El desarrollo debe ser integral, y se hace consideración de los factores políticos (que no hacen parte esencial del neo-institucionalismo, por ejemplo) o la estructuración de una dinámica social (el marxismo re-visitado), entre muchos otros, que en principio deberían aportar algo a la tarea de hacer el concepto de desarrollo completo y comprensible, carente en lo posible de zonas oscuras e indefiniciones.

No es mi intención realizar una teorización al respecto; más si quiero poner en evidencia el hecho de que en la ciencia económica la construcción de conceptos, de categorías y de formas analíticas, es un reto para aquellos que se han formado asumiendo inclusive la significación de los conceptos de uso general en economía. Es decir, difícilmente hallaremos a un economista que se pregunte sobre el contexto y la forma propia de la idea de la oferta y la demanda, pues son conceptos cuya aceptación está dada, y la puesta en duda del uso de tales conceptos es vista como una inútil tarea investigativa. Y así como estos codificadores del orden del conocimiento económico son aceptados, se acepta el resto de elementos. No se entra en una discusión semántica por considerarse ajena a las labores de la disciplina, y la filosofía del lenguaje es tan extraña para el economista como gran parte de las discusiones que ocurren y trascienden en otros campos referentes a lo social.

Un punto de partida para mostrar la forma como en la economía se resuelven estos problemas está en la idea de Myrdal de que el desarrollo engendra sus propias validaciones, y se desentiende del análisis subyacente. Este economista sueco reconoció siempre las limitaciones del análisis económico tradicional; pero como muchos ( quizá, sospecho, la mayoría) no rechazó de plano la idea, derivada del análisis de Solow, de que el crecimiento es un sinónimo valido del desarrollo económico, y que la diferencia radica en el estado temporal en que se encuentren. O sea que el crecimiento económico (del PIB o de cualquier otro indicador ‘macro’ asociado) de corto plazo debe generar una senda óptima hacia el desarrollo, en ultimas la agregación de largo plazo de los efectos que genera el crecimiento económico. Esta idea, por simplista que parezca, es ciertamente difícil de falsear, quizá por su sencillez y evidencia empírica, o quizá porque el desarrollo es una incierta variable difícil de desagregar. La equivalencia crecimiento/ desarrollo parte del supuesto neoclásico de que el largo plazo es una sumatoria de pequeños plazos, con ciertos comportamientos adicionales pero en todo caso secundarios. Si no existe un concepto claro y definitorio sobre lo que quiere implicar el desarrollo, entonces la equivalencia, por contradictorio que esto parezca, permanece. No es gratuito entonces que Solow afirmara, en su teoría del crecimiento, que aquel factor dinámico (el A (*) del modelo tradicional) era la medida de nuestra ignorancia. Es claro que no saber la determinación del crecimiento de una manera más amplia es un problema; pero es de mayor gravedad hacer conexiones y afirmaciones sobre postulados que tienen una validez limitada.

No comparto la idea del relativismo, tal y como surgen en los trabajos de Godelier, en los que se expresa que el contexto socio-político fundamenta y da inicio a la ruptura difícil de conciliar entre perspectivas distintas sobre los problemas que la economía debería resolver o investigar. Yo entiendo que es muy diferente la visión que tenga un estudiante norteamericano conmigo sobre el problema del desarrollo, pero eso no implica que tenga que abandonar todo intento por comprender su situación y contexto. El relativismo ha pretendido desde mucho tiempo generar marcos teóricos que desentrañen los conceptos fundacionales de las ciencias sociales ( un término, usado muy burdamente, sería la deconstrucción como modelo de cuestionamiento de los paradigmas mantenidos en las disciplinas de lo social) generando salidas igualmente alternativas, pero que tienen el serio problema de no poder mantenerse como válidas, pues han generado la estructura idónea para un cuestionamiento que no tiene un final previsible sobre la idea misma del concepto que se quiere.

Los economistas deberíamos ser conscientes de varias cosas, a la hora de que se presenta esta discusión.

Deberíamos comprender que el uso de axiomas y supuestos es válido, como en cualquier ciencia, y que la acusación del ‘exceso de supuestos’ o del ‘irrealismo’ de las teorías tiene que ser argumentada bajo el hecho de que tales supuestos están mal construidos o formulados; además, no hay un método claro que determine cuantos y cuales supuestos utilizar. Pero que tampoco podemos dejar de lado la grave cuestión de que, sin importar el exceso de supuestos, las teorías no están sirviendo para comprender una realidad económica cada vez más apabullante; entonces el postulado de Friedman, una de las bases de la epistemología neoclásica a mi entender, no puede mantenerse con tanto orgullo.

Por otra parte, debemos ser conscientes del uso de los vocablos, y reconocer el factor politico que muchas veces puede implicar. Bien lo indican Myrdal o Gunder Frank cuando afirman que la construcción de un orden económico siempre deviene en categorías económicas que en últimas son sinónimos del orden politico. Cuando los países se etiquetaban como desarrollados o subdesarrollados, había una clara consciencia del papel pasivo de éstos últimos en el orden politico mundial. Esta categorización fue cambiada al ‘políticamente más correcto’ concepto de vías hacia el desarrollo: países que transitaron ya esta ruta frente a países que todavía siguen el camino hacia el desarrollo. Luego, se revisó el concepto por la presunción de que se estaba incurriendo en un paternalismo indeseable por parte de los países económicamente mas desarrollados. Es por ello que ahora el orden se ha fracturado, dejando en una gran incoherencia la cuestión última del desarrollo.

Quisiera concluir con la idea de que a veces los economistas usamos términos anacrónicos y que en otras disciplinas suscitarían un debate encarnado y polémico (el desarrollo económico es un discurso desarrollista que desconoce todos los factores sociales de relevancia, según la antropología del desarrollo, o la sociología de Pearsons). Es muy difícil convencer a los defensores de la teoría tradicional en economía que tales términos no son coherentes y que son usados por mera inercia. Y he ahí uno de los problemas más serios, en mi consideración, que afronta la disciplina económica: se ha perdido la capacidad de delimitar el campo de acción de la teoría puesto que sus conceptos más elementales, que deberían ser aceptados con un consenso relativamente amplio, son debatidos y rechazados por otras ciencias sociales, que se preocupan tanto en el fondo, como en la forma de las teorías que producen.



Referencias:

Myrdal, G. El elemento político en el desarrollo de la teoría económica. 1967. Ed. Gredos. Madrid.
Godelier, M. Racionalidad e irracionalidad en Economía.1982. Siglo XXI. México
Friedman, M. Essays on positive economics. 1975. Fendham-Carnegie Fund Papers. Boston.
* Estudiante de Economía. Miembro del CEID








lunes, 26 de abril de 2010

Opinión: La tecnología en beneficio de la sociedad

Por David Ernesto González Ruiz

“Un conocimiento reducido que actúa vale indefinidamente más que un gran conocimiento que permanece ocioso” K. Gibran.

La muerte de dos escolares en Bogotá tras haber sido arrollados por un bus biarticulado de Transmilenio por evitar el pago de la tarifa, pone en evidencia el grado de atraso en políticas sociales urbanas que existe en nuestro país. La movilidad de la población debe ser prioridad para los gobiernos locales. Y sobre todo, debe existir una tarifa preferencial para las personas más vulnerables de la sociedad.

En la mayoría de los países latinoamericanos –que se supone comparten similares características con nosotros– existen tarifas preferenciales en sus sistemas de transporte público. Por ejemplo, en Brasil la mayoría de sistemas de transporte urbano cuentan con tarjetas inteligentes para acceder al sistema. Si eres trabajador formal se te descuenta de tu salario el 8% mensual y tienes acceso al servicio de transporte todos los días hasta un límite de siete veces por día. Además los estudiantes de escuelas públicas y ciudadanos de la tercera edad –mayores de 65 años– tienen derecho a utilizar el sistema sin pagar nada, todo por cuenta de la Prefeitura (así, es en Rio de Janeiro). En Santiago de Chile, Transantiago posee también una tarjeta inteligente personalizada que ofrece una tarifa preferencial a los estudiantes para acceder al sistema de transporte de la ciudad. Y por su parte el Metro de Caracas hace lo suyo respecto a estas poblaciones vulnerables.

Mientras aquí, en Bogotá parece que los honorables concejales dedican su tiempo en dádivas y clientelismo (caso específico del concejal William Duarte). Según cifras de la Secretaría de Educación, 14.420 estudiantes de colegios distritales reciben un subsidio por valor de $65 mil pesos mensuales, pero solo de grados octavo, noveno y décimo, menores de 19 años y que vivan a más de dos kilómetros de distancia al centro educativo. Con tantos requisitos, ¿será que el proceso educativo sólo existe efectivamente en las aulas, y no en las bibliotecas, cinemas, museos, parques y demás espacios de la ciudad? Es necesario reclamar en nuestro país tecnologías como la tarjeta inteligente al servicio de la sociedad. En estos momentos de negociación del Sistema Integrado de Transporte Público (SITP) se deben especificar bien las condiciones de fabricación de esa tecnología y que no pase como en Manizales que colapsó el sistema por falta de esas tarjeticas. Ya es hora que Colombia se modernice, estoy de acuerdo con la idea de crear un organismo internacional que ayude a distribuir la tecnología y donde los países aporten según sus capacidades (sí, verdad es como utópica). Es necesario un ministerio de desarrollo y tecnología, lo mismo que uno de ciudades para que la brecha urbana, de desigualdad se reduzca y podamos evitar hechos tan lamentables como los ocurridos en Bogotá.

Adenda. Me parecen necesarias las movilizaciones y protestas realizadas en las calzadas de Transmilenio por la ciudadanía. Ya que la democracia representativa no ha funcionado en la capital, y son sólo los intereses particulares los que se atienden por la clase burocrática. Es necesario reclamar y defender los derechos colectivos y personales para mejorar las condiciones de la sociedad.

domingo, 25 de abril de 2010

¿Cómo es que las entidades financieras en plena crisis obtienen "buenas" utilidades?

Carlos Alberto Suescún Barón*

Es díficil entender a veces las contradicciones, y quizás es díficil porque simplemente no existen para una realidad particular. Mientras en Colombia el desempleo ya casi llega al 13% (y seguramnte seguirá creciendo de manera pronunciada), las cifras de la actividad industrial muestran leves recuperaciones en sectores que contribuyen marginalmente al empleo (plásticos y sectores de quimicos derivados del petróleo) y en otros con mayor contribución siguen desacelerándose (Boletín de la Muestra Mensual Manufacturera, febrero de 2010; DANE)  después de una caída estrepitosa; al mismo tiempo que la inflación sigue a la baja, evidencia de éste  estancamiento de la economía. Con este escenario tan caótico que no le incluimos otros aspectos como el nivel de endeudamiento, las crisis de sectores como la salud, quizás para que cualquier parecido con las realidades que mostraría el más pesimista de los autores en sus escritos no parezcan una burla ante la gravedad; concebir un nivel de utilidades del sector financiero (y en particular de los bancos comerciales) de 8.49 BILLONES en el año 2009, parece la mayor de las contradicciones por no llamarle despropósito.

Desgraciadamente las evidencias muestran que el carácter trágico de esta realidad no pareciera ser una contradicción. No puede ser algo indisoluble en el razonamiento desde dos opticas que la componen y que no lleva a una respuesta adecuada en el entendimiento, por el simple hecho de ser parte de una realidad que para desgracia de los objetos del desarrollo económico, social y humano de la nación colombiana está bien fundamentada en el sistema. Curioso que la dinámica económica este sometida a la lógica financiera, que incluye las esferas de lo estatal y lo privado, pero no contribuya a su reactivación. ¿Qué explica tal nivel de utilidades? En gran medida esto se explica por la naturaleza de las inversiones, que en concordancia con la política monetaria sirven para que gran parte de su portafolio se mantenga en títulos de deuda pública (TES), que además de brindar buena rentabilidad tienen la cualidad de la seguridad (prácticamente riesgo cero); y sin duda por los ingresos generados de la intermediación financiera (uno de los más altos de Latinoamérica) que esquilman en gran medida los de por si bajos ingresos de la mayoría de la población, porque no existe diferenciación de costos en este tipo de negocio. 

Las utilidades de este sector  (particularmente en Colombia) no tienen mayor contribución a la sociedad, pues además de ir a parar a los bolsillos de los accionistas de Bancos, Corporaciones, Fondos, etc., el crédito, la esencia de este negocio, en Colombia es una  potencial fuente que restringe las posibilidades de desarrollo. Está demostrado que la mayoría de la población Colombiana  (y más precisamente la población más pobre), no tiene acceso real al crédito, el cual es sin duda el motor y esencia de cualquier actividad productiva. 

En estas épocas de propuestas (promesas) de los candidatos, sería bueno que el electorado revisara que se tiene sobre éste tema (si bien me considero un escéptico en el campo de las promesas políticas,  estoy convencido que más que la confianza en cierto personaje, la confianza en su pensameinto reflejado en sus propuestas si debería servir para fortalecer la democracia), por ejemplo, que mecansimos se proponen para democratizar el crédito y convertirlo en la fuente del desarrollo de la nación colombiana, cómo se piensan controlar los excesos de la intermediación financiera que afectan el ingreso real de los usuarios (que no discrimina mayor progresividad ya sea por estrato social, monto o actividad), cómo converitr de esas ganancias a mi parecer excesivas (aún reconociendo la importancia de esta activiadad y de su desarrollo en los útimos años) una fuente de ingresos tributarios (¿por qué esto no se discute en las propuestas de reforma tributaria estructural y sólo se piensa en el IVA?). Es hora de develar la contradición no desde los argumentos teóricos (que nos pueden llevar a falsearla) sino de aquellos que hacen expresas  las necesidades de la población colombiana, su desarrollo y su bienestar.




Enlaces relacionados: 
1. http://www.dane.gov.co/files/investigaciones/boletines/mmm/bol_mmm_feb10.pdf
2. http://www.portafolio.com.co/economia/economiahoy/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR_PORTA-7217908.html
3. http://www.banrep.gov.co/publicaciones/pub_emisor.htm


*Economista, egresado de la Universidad Nacional de Colombia y miembro vinculado al CEID

sábado, 24 de abril de 2010

Lo público y lo privado III: Demandar al Estado vs empoderar a la sociedad.

Por Sergio Chaparro Hernández*

En la primera columna de esta serie intenté defender la idea de que los distintos actores de la sociedad civil no debemos esperar pasivamente a que el Estado sea el único gestor de las transformaciones sociales. Creo sin embargo que no solo se requiere quitarle al Estado el monopolio de la transformación de lo público, sino fortalecer una estrategia en particular para lograrlo. Para explicarme mejor será necesario hacer una pequeña reflexión sobre las diferentes estrategias que las organizaciones de la sociedad civil emplean para luchar por sus reivindicaciones.

Empiezo por decir que Colombia es una tierra fértil para el surgimiento de ONG´s. Además, las que ya existen a nivel internacional encuentran en nuestro país una realidad que las reclama a gritos. Así se propongan tratar problemas de otros países, nuestras tragedias terminan por desviar sus ojos hacia este accidentado territorio donde se mezcla el sufrimiento propio de una historia republicana llena de contradicciones con las pasiones más autóctonas que puede llegar a tener cualquier nación del trópico. De manera que las organizaciones que reclaman para sí la vocería del resto de la sociedad no son para nada escasas. ¿Qué explica entonces que la reducción de la pobreza sea tan lenta o que persistan las violaciones sistemáticas de derechos humanos por parte de actores tanto legales como ilegales?

La explicación no se agota en un solo factor. Sin embargo, creo que uno de los problemas fundamentales es la preeminencia de una manera de actuar, entre muchas posibles, de las organizaciones que representan a la sociedad civil. Esta forma de actuar se ha concentrado en la denuncia, en el litigo ante tribunales internacionales o ante la comunidad de naciones con el fin de buscar sanciones jurídicas o políticas contra el Estado. En esta especie de tribunal internacional al que se apela continuamente y donde el Estado está condenado a sentarse en la silla del acusado, se puede decir que la relación entre las ONG´s y sus representados es similar a la que se da entre un abogado y su cliente. El abogado defiende a su apoderado con base en un conocimiento que este último desconoce; su objetivo es lograr un dictamen de un tercero a partir de unos medios que el defendido nunca aprende a usar. Que en este litigio se gane o se pierda no marca una diferencia en lo que le ocurre internamente al cliente, el permanece igual, no se transforma, a lo mas que puede aspirar es a recibir un beneficio externo. De manera que cada vez que surja un nuevo incidente el cliente volverá a necesitar de su abogado para resolverlo, agravándose de esta manera la relación de dependencia entre uno y otro. Así, a la sociedad civil se la inhibe de desarrollar sus potencialidades para luchar por sus reivindicaciones y protegerse autónomamente de amenazas futuras externas, pues siempre requerirá de intermediarios que no se preocupan por garantizar las condiciones para que pueda superarse esta relación jerárquica entre ONG´s heroicas y sociedad civil débil.

Algo similar ocurre cuando se busca adoctrinar a los grupos vulnerables de la sociedad civil. Esta forma de “empoderamiento” parte de la creencia de que unas personas con capacidades superiores, o con una “conciencia de clase” propia de privilegiados o iluminados, va a enseñar (o mas bien adiestrar) a aquellos cuyas condiciones miserables los han convertido en unos incapaces de reconocer la verdadera dimensión de las cosas. Lo importante aquí es transmitir una información que lleve a la acción política requerida y no despertar en aquel a quien se busca transformar una capacidad que de entrada se le reconozca que ya tiene. Esta forma de “amor al prójimo” solo refleja el odio y la voluntad de ponerse por encima de los otros. En ese caso creo que nada lo haría más indigno a uno que el hecho de que lo quieran ayudar bajo esta forma de “amor” que sólo está encubriendo una profunda y mezquina vanidad.

La alternativa por lo tanto es la pedagogía de igual a igual, la transmisión de una voluntad de organizarse para resistir, el respeto a los procesos y las propias capacidades de los actores sociales para dar sus luchas, el diálogo franco si se quiere. Pero ¿cuántos de quienes nos reconocemos como personas comprometidas con la transformación de una sociedad donde la injusticia aún sigue siendo la regla estamos dispuestos a asumir como propia esta tarea? Empezando por las tentaciones que representan para nosotros -profesionales novatos o aún en proceso- jugosas remuneraciones en trabajos propios de personas de éxito, incluidos los de prestigiosas ONG´s, o atractivos proyectos de vida generosos en logros individuales pero pobres en contribuciones solidarias y emancipatorias a quienes más lo necesitan.

No pretendo imponer un único criterio de legitimidad para la elección de los fines que cada quien decida perseguir con su proyecto de vida. De manera que me dirijo a quienes dentro de su realización personal le dan un valor amplio a lo que sucede con los más vulnerables. Lo escrito aquí tampoco es una invitación a que las ONG´s abandonen sus luchas jurídicas y políticas a nivel internacional, pues reconozco la necesidad de que alguien cumpla este papel. Es mas bien un llamado a que quienes nos disponemos a emprender la tarea por defender a la sociedad civil, lo hagamos reconociendo que quizás lo que ésta reclama de nosotros en estos momentos es más personas que realicen el trabajo de base y no tantos tramitadores profesionales de sus demandas.

*Investigador del CEID y Economista de la Universidad Nacional

viernes, 23 de abril de 2010

Comentarios sobre la cuestion de la enseñanza de la ciencia económica

Por: Roberto Mauricio Sánchez Torres*

A propósito de los avances en el proyecto que actualmente se desarrolla en el CEID, me gustaria aportar unas breves posiciones frente a la enseñanza de la economía y los debates que se desarrollan en Colombia y en el mundo frente a esto.

En este debate hay varios enfoques a partir de los cuales se pueden construir ideas y críticas frente al tema. Hoy quiero resaltar un problema general de la educación moderna, y dos problemas inmanentes al desarrollo de la Teoria economica y su enseñanza.

La educación en el mundo ha sufrido grandes cambios estructurales, uno de esos cambios fue la masificación de la educación superior y con ello un importante problema de calidad de la educación, perdiendo importantes epicentros de dicusión como los seminarios que se desarrollaban en la vieja escuela alemana de inicios del siglo pasado. Este problema trae asociado un elemento que me parece importante poner en discusión y es, por un lado, la impersonalidad de la educación, el rompimiento de relaciones humanas entre el maestro y el estudiante y el anonimato del mundo pedagogico, por otro lado, la percepcion individualista del conocimiento, temas que propongo para la discusión al interior del grupo y que me parece sirven para desarrollar el proyecto en su parte práctica.

Los elementos internos de la enseñanza de la economía han sido ampliamente debatidos, sin lugar a dudas el movimiento de estudiantes franceses que buscaban la difusión de teorías alternativas a la neoclásica, ha sido el más reciente epicentro del debate sobre la pedagogía en economía. hay dos puntos en común en esta y otras críticas, el problema del "autismo" económico, y el problema del "imperialismo" de la ciencia económica. El "autismo" se refiere a la excesiva formalización de la teoria que no lleva a ningún lado, sin ser imprecsindible, el problema es cuando ésta (la formalización) se convierte en el fin en si mismo. El llamado "imperialismo" es la generalización de conceptos de economía en otras ciencias, a las que los economistas ven como ciencias inferiores, y que por lo mismo se desconectan de ellas, creyendo que no sirven, o que simplemente no son necesarias.

Pues bien, para no extender las ideas sin haber entrado en debate, estos problemas creo que son puntos de partida frente a los cuales nos sirve discutir para el desarrollo del proyecto, pero también para generar un debate externo al grupo y proyectar nuestra posición en otros escenarios.

*Estudiante de Economía. Universidad Nacional de Colombia. Integrante del CEID

jueves, 22 de abril de 2010

Opinión: ' ¿ Seré yo, Maestro? '. Lo que los economistas hemos hecho mal

Eder Carrascal*

Debo iniciar este post con una confesión. Paul Krugman es uno de mis autores favoritos, en casi cualquier tema económico. Me parece acertado en sus comentarios acerca de la recesión actual, así como en las crisis económicas pretéritas, y en algunas de sus formulaciones de política para intentar suavizar o inmunizar los efectos recesivos. Soy consciente, por supuesto, que el nombre Krugman en la escena intelectual y política tiene una resonancia superior a la de muchos economistas, vivos o muertos, pues para muchos representa la quintaesencia de lo que un profesional en el campo económico debería realizar. Por supuesto, la heterodoxia no ha hecho muchos esfuerzos por considerarlo uno de los suyos: siempre será un hijo de los axiomas neoclásicos, un post-keynesiano transformado que se rehúsa a aceptar muchos de sus postulados, y un acérrimo crítico de la estructura marxista.

Pero no se trata de la opinión que tenga sobre este premio Nobel, opinión personal y algo sesgada. Se trata de un artículo, que ha adquirido mucha relevancia desde su publicación, ¿How did economists it so wrong?, escrito un poco después del plan de salvamento de la administración Obama. Muchas de sus consideraciones sobre el estado actual de la economía como ciencia y como disciplina académica merecen una revisión más detallada, y tratándose de un artículo de opinión, no puede esperarse que la crítica se base en una profundidad retórica desde la posición que Krugman ataca, como lo hicieron en su momento John Cochrane y Larry Summers.

Krugman dice en resumidas cuentas que la economía, y por ende los economistas, han perdido el tiempo durante 30 años o más. El surgimiento de nuevas corrientes en la macroeconomía, como los análisis de la Teoría del Ciclo Real, la Nueva Macroeconomía Clásica, la Macroeconomía Financiera Clásica, entre muchas otras, se ha visto como un avance en el régimen discursivo de la economía, en especial de la macroeconomía. Recordemos que el talante neoclásico casi que impone que se preserve la dicotomía entre lo micro y lo macro, estas teorías quieren ser novedosas (no revolucionarias) al insertar el análisis microeconómico de vanguardia con los desarrollos recientes en los campos de la teoría del ciclo económico y los mercados financieros. Hasta aquí, todo bien, si estuviésemos convencidos que el equilibrio, el pleno empleo y la prosperidad perenne son cosas que pueden realizarse sin mayores problemas.

Pero las crisis existen, quiéranlo o no  John Cochrane o Robert Lucas; y de hecho, afirmar que éstas surgen porque así lo exigen los agentes (racionales y llenos de información hasta reventar) parece ser un contrasentido con la realidad. Pocas personas se alegran de que la situación económica vaya mal (obviamente que no todos pierden en las recesiones, véase Goldman-Sachs, o los banqueros en general, la familia Kennedy que se hizo millonaria comprando empresas quebradas a precio de huevo en la recesión de los años 30, etc.) o de perder su trabajo. Pero si eres uno de los agentes típicos de estos modelos, deberías contentarte con que se produzcan cambios de largo plazo no predecibles en la función tecnológica, pues eso es bueno para la economía, y para ti también debería serlo. Si pierdes el trabajo es porque deseas sustituir en el corto plazo la utilidad que te causa recibir un ingreso laboral para disfrutar de un ocio casi que ilimitado y plenamente disfrutable. Si no consigues trabajo, de pronto estás buscando mal, o de pronto no quieres en verdad trabajar. Obviando las ecuaciones en diferencias que expresan esto, me parece casi que ofensiva a veces la manera en que muchas teorías económicas modelan el comportamiento de las personas.

El disgusto hacia Keynes es evidente en la nueva macroeconomía clásica. Lo que importaba, o sigue importando a estos teóricos, es el largo plazo. El ciclo económico es una fluctuación natural y determinada por ciertas fuerzas económicas endógenas (algo con lo que no puedo evitar estar de acuerdo) y por tanto, cuando se presentan caídas súbitas en la producción agregada, en indicadores lideres como el nivel de desempleo o la inversión en capitales fijos, el economista debería recomendar esperar y ver. Si surge la crisis, las medidas contra-cíclicas pueden ser contrarias a las intenciones de política. De esto se concluye que las ideas de Keynes sobre las crisis no podrían estar más equivocadas. Si uno piensa que es normal un alza imprevista en el desempleo, si se piensa que la falta de inversión en exceso de ahorro es algo ‘que permitiría un mejoramiento gradual en la dinámica positiva de la estructura tecnológica’ (un parafraseo burdo de Prescott), entonces, ¿por qué preocuparse por intervenir con políticas económicas innecesarias? ¿Para qué meterle el palo a la rueda?

El debate que plantea Krugman ha causado un revuelo en la comunidad académica americana, y por ende, en la comunidad internacional. Cochrane, uno de los líderes de la investigación en la macroeconomía financiera, dice ser atacado personalmente y presenta una petición por desacato. La Fundación de Milton Friedman estima inconveniente la citación que hace el autor (Krugman piensa que ya ni la Escuela de Chicago sigue los postulados monetaristas que uno de sus más renombrados fundadores recomendó en recesiones previas: se lanza en ristre contra todo conocimiento económico anterior.) Larry Summers (ex director del FMI, hoy principal asesor de Obama) dice desconocer aquello que plantea Krugman de manera tan jovial pero a la vez algo oprobiosa. Los post-keynesianos lo aplauden. Y luego Stiglitz se adhirió a la idea de rescatar a Keynes del olvido y el desprecio.

De todo esto me queda una sensación de preocupación. Si las críticas de Krugman son ciertas, o al menos, no son tan reprobables como piensan los directamente afectados, entonces la economía (decir ciencia económica se presta ahora a un debate triste y complicado) ha perdido el rumbo. Desde siempre se supo que los mercados eran cualquier cosa, menos perfectos, flexibles y estables. ¿Por qué tal paradigma se aceptó como un axioma valedero para cualquier circunstancia? ¿Cuando dejamos de separar el supuesto con la realidad económica? La sofisticación matemática nubló la visión de muchos problemas económicos, concretos y reales, pero esto no parece ser algo de que preocuparse, según muchos.

El problema es que es muy difícil abstraernos de una teoría que ha dominado el pensamiento económico contemporáneo. Cualquier crítica contra la economía neoclásica reciente (aunque pienso que el término neoclásico no es más sino un anacronismo) queda excluida por una retórica analítica que no considera el punto de crítica de teorías alternativas, su esquema de respuesta es, casi siempre: el modelo no quería decir esto, sino aquello. Cualquier compañero de estudios podría refutar lo dicho por Krugman, partiendo de un marco analítico que excluye, por naturaleza propia, la disensión teórica. Por eso oigo decir que la economía neoclásica no es a la final tan mala, y hay que apreciarla desde otra perspectiva, y valorar los aspectos optimistas y útiles. Quisiera que los problemas económicos de las sociedades pudiesen apreciarse con esta paciencia y comodidad, y que las teorías sean intentos desinteresados, elucubraciones algo ingenuas en la solución de problemas secundarios. Pero la economía no es usada ingenuamente, y lo económico es casi una cuestión fundamental en las sociedades modernas.

¿Qué hay que decir con respecto al desarrollo económico? Pensémoslo, si los fundamentos teóricos de la ciencia económica se resbalan de sus cimientos, pero se mantienen casi que de manera inexplicable, deberíamos esperar unos resultados posteriores igual de deficientes. Y también deberíamos esperar que las teorías sobre el desarrollo estén ahí, inalteradas, inmunes a las criticas, por la fuerza del dogmatismo. Si alguien dentro del centro intelectual de la economía, procedente de una corriente teórica fascinada por el reduccionismo y la pulcritud del análisis, creo que es porque algo de gran magnitud ocurre en el interior mismo de la ortodoxia ( de nuevo, un anacronismo, a mi parecer), y que pone en entredicho la frágil seguridad que brindaba ser parte de una forma de ver el mundo como el mejor de los mundos posible. Imaginemos ahora, desde la periferia, desde una realidad aún mas alejada de ese, el mejor de los mundos, que se cuestione de una manera tan directa la labor de la ciencia económica desde hace tanto tiempo.
Sin animo de sonar como un radical, pues no me considero así, pienso que la labor que tenemos como integrantes de una comunidad academica como la económica es realizar un cuestionamiento al debate y estado actual de la ciencia economica. El rechazo de plano a las teorias no es útil ni necesario, pues creo, algo ingenuamente, que es posible hacer la critica desde adentro. Esto se ha realizado anteriormente, por supuesto, pero no con la intención de cuestionar propiamente, sino de construir en base a fundamentos que están mal cimentados. Habrá que buscar otras perspectivas y desligarse de muchas lógicas que resultan ser sofismas bien elaborados. Pienso que será el reto más grande que tendremos de aquí en adelante, si queremos en verdad ser propositvos ante una realidad cada vez más compleja y ajena a lo que explican las teorías que nuestros profesores alabaron.

* Estudiante de Economía, miembro del CEID