--Thomas Carlyle.
La economía es quizá ( y este es un criterio mio) la ciencia con la reputación más controversial. Y sus profesionales y académicos, aquellos con un difícil camino hacia el mejoramiento de las relaciones con el público general. Puede sonar altisonante, pero es una verdad que los economistas suelen desconocer a menudo: las decisiones que toman en el ámbito de las ideas y de lo teórico resulta afectando a miles de individuos a través de políticas económicas generales.
Thomas Carlyle, reconocido escritor e historiador inglés, hizo de la economía la ciencia lúgubre, en las épocas que el malthusianismo era la corriente opuesta al pensamiento utilitarista, fundamento filosófico de la economía neoclásica. (1)
Carlyle, según se ha opinado desde entonces, estaba convencido de que los postulados de Malthus acerca del crecimiento poblacional, eventualmente se harían realidad: existirían unos salarios muy inferiores al nivel de subsistencia, y los mecanismos de control demográfico ( las enfermedades, la guerra) serían lentamente diluídos. Todo por culpa del progreso.
La realidad de esta frase y esta afirmación de Carlyle es muy contraria a la verdad. De hecho, el ataque iba dirigido al pensamiento liberal y utilitarista, por promover un análisis que excluyera las categorías de clase, género, y por supuesto, raza. El análisis de Mill sobre la cuestión del esclavismo promovió la idea de la abolición entre los círculos intelectuales de la época. El nivel de ingreso para sustento de los trabajadores sería mas bajo en un sistema de salarios y de movilidad de factores. Carlyle se refería a lo lúgubre en la economía con el temor de que se defendiese una idea para el inconcebible: la abolición y el trabajo libre asociado.
Esta breve historia me sirve como punto de reflexión acerca de la reputación que tiene la ciencia económica, y que como digo, sí tiene un impacto en el público general y en la sociedad. Una ciencia devaluada y descreída no puede ser bueno para mejorar aspectos esenciales de los problemas más álgidos de la realidad contemporánea.
Por otra parte, tenemos un amplio acervo de ilusiones rotas y fragmentadas en el campo de las ideas económicas. Keynes soñó que, en algún lugar del tiempo, los economistas serían como los odontólogos: prestos a curar cualquier pequeño malestar, con la técnica y el instrumento adecuado. Sin mayores inconvenientes, nos sentaríamos a resolver los inconvenientes económicos de una sociedad con alto grado de cohesión y estabilidad, producto del bienestar material. Esa fue la sociedad que Keynes soñó, y el papel de los profesionales del campo. Un futuro aburrido, menos intrigante quizá, pero mucho menos incierto.(1)
Las ilusiones se apoderaron de la economía con el Estado del Bienestar, a lo europeo, y con los ciclos de crecimiento de Juglar y Kusnetz, que demostraron estadísticamente que la estabilidad de los tipos de interés y de la política monetaria generaban ' aproximaciones muy buenas' hacia el producto potencial. Fueron épocas donde el ciclo económico implicó la desaparición de momentos recesivos, de crisis financieras, de agentes racionales que perpetuaban un equilibrio imperturbable.
Con la primera gran recesión internacional después de la de 1929-1936, que sucede con la burbuja de los precios del petróleo y la desfragmentación del sistema monetario (1972-1976) vuelve a surgir el pesimismo, las malas predicciones, el fin de la historia feliz y el comienzo de la tragedia. El escepticismo sobre la estabilidad y el manejo gubernamental de la economía vuelve a reinar, e infunde olas de pánico e incredibilidad a los mercados financieros.
Después de ésto, tiempos de crisis se acompañan de leves recuperaciones. Y esto es algo que no deberá sorprender a nadie.
Lo que sorprende es el eufórico optimismo que se sucede con el auge, ahora frágil y difuso. Aparece Lucas con los agentes con expectativas racionales, que creen que las burbujas y los desequilibrios macroeconomicos son un óptimo en el sentido de Pareto.
Nietzsche creía en el poder vitalista de la ciencia. El enhanced knowledge, el conocimiento apoderador, sería la fuente eterna para la construcción de un nuevo orden de cosas: donde la vida, y su inminente fuerza desprendiera todo el saber y todo lo necesario para la existencia plena de los hombres. Confundimos, hace rato, esta idea con el optimismo desbordado, que se sigue de un existencialismo trágico, al observar que los hechos que nuestra teoría quiso predecir y reafirmar resultan ser sofismas mal elaborados.(2)
Cae la bolsa de Nueva York en el 87 y se genera la recesión (continua) de Japón: Greenspan publica su tórrido trabajo sobre las expectativas del banquero central y de la independencia monetaria en pos de un mejor manejo indirecto del problema financiero de la estabilidad. Fallan los mercados internacionales en el 94 ( crisis de deuda de Mexico): Multiples economistas afirman que el ciclo económico en Estados Unidos desaparecerá, a lo sumo, en no menos de 10 años. Estalla la burbuja de las puntocom, y Bernanke plantea el comienzo de una era pronunciada de estabilidad monetaria, como lo soñaron los monetaristas de antaño. Se quiebra el sistema financiero con la crisis del sector inmobiliario, y Bernarke ( ahora jefe del Fed) dice que la crisis fue un pequeño resfriado, y todo pasará con el plan de salvamento de la administración Obama. Los bonos griegos y portugueses están generando un nuevo pánico en el mercado internacional, pese al mejoramiento del 'leve resfriado' internacional. ¿ Qué economista saldrá ahora para llenar el vacío y decir que de ahora en adelante todo saldrá mejor que antes? ¿ Y cual abrirá el séptimo sello, esta vez el verdadero, esta vez para siempre?
* Estudiante de Economía. Miembro del CEID.
Referencias:
(1) Krugman, P. The accidental theorist and others dispatches from the dismal science. The MIT Press. Cambridge (MA). 1996
(2) Keynes, J.M.: Essays in persuasion. McMillan Eds. New York. 1984.
(3)Nietzsche, F. La gaya ciencia. Paidos Alianza Eds. Madrid. 1974.
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