domingo, 16 de mayo de 2010

Recuperación Económica: ¿Mito o Falacia?

"El valor último de la experiencia no es la consecuencia de una opinión, sino condición, presuposición del conocimiento." Nietzsche.

Opinión de: Carlos Alberto Suescún Barón

Desde hace aproximadamente medio año, las grandes potencias como Estados Unidos hablan de "signos de recuperación" de la economía mundial, quizás en un intento desesperado por recuperar algo del quizás elemento más valioso para una economía de mercado en la actualidad: la confianza. Confianza institucional, del consumidor, del productor, en fin de los agentes económicos, aspecto sobre el cual se construyen expectativas que involucran toda la actividad económica y social futura.

La crisis se presenta en algunos escenarios académicos y políticos como algo del pasado, cuando la evidencia nos la revela en momento presente quizás con tanta luz, que los fenómenos que se perciben parecieran definirla sobre otro concepto, o en el peor de los casos en su antitésis, es decir, en su inexistencia, en la recuperación económica materializada. No es raro oir decir que la crisis de Grecia, Portugal y España (los más protuberantes del mismo fenómeno en toda Europa) se muestran como un fenómeno externo a esta dinámica, que hace parte de un hecho relativo a fenómenos anteriores de manejo fiscal que no se tuvieron en cuenta, pero ¿por qué no se tuvieron en cuenta? Simple, porque la crisis como agua mágica, pareciera revelar a su debido tiempo toda contradicción subyacente o inmanente sobre un manantial oscuro, ese mismo del cual emana. Algo similar pasa con los altos índices de desempleo en Europa, los Estados Unidos y Latinoamérica, donde se argumenta bajo consignas especulantes y sobredimensionadas (aunque válidas teóricamente) en torno a mala administración pública, histerisis, presiones demográficas (como crecimiento desproporcionado de la tasa de participación en el caso colombiano), etc.

Un escéptico no siempre es desconfiado, pues la experiencia le permitiría identificar de que fuente se percibe con algo de razón una "mentira" o una "verdad". No obstante, puede caer por argucias en la telaraña del mito al considerarla una verdad ante la repetición, el poder de leyenda que le da el orador u obedeciendo con un criterio racional a pequeñas evidencias que le hacen adherirle un concepto prefijado por el cliché o por lo intereses de otro(s), en contra de lo que le sugieren los hechos. Ante este esquema, quizás exagerando en una condición de escepticismo, el público en general debería hacer un reclamo sobre la información que le suministran ¿sobre que conceptos y relaciones de los mismos se construye un indicador de recuperación económica? Las bolsas desde el año 2008 han mantenido una inestabilidad casi permanente en comparación con años anteriores según la evidencia, sobre el PIB de los países se pronostica un crecimiento para futuros periodos aunque se sigan perdiendo empleos, la inflación sigue a la baja y las tasas de interés permanecen estables o también siguen una tendencia decreciente, etc. ¿No se ha dicho acaso en la teorá y la experiencia, que estos son fenómenos propios de un período de crisis? En Colombia se habla de bonanza de un sector como el minero como signo de recuperación, cuando éste es juzgado al mismo tiempo como ejemplo de "Enfermedad Holandesa" e incluso vinculado a burbujas especulativas que quizás contibuyen a gestarse con polítíticas de baja tasa de interés; se examina a la inflación baja como un fenómeno en primera medida deseable (por supuesto, eso es algo que se admite), que obedece a un impacto bajo del "Fenómeno del niño", y como contribución marginal a esta dinámica a la baja capacidad de compra, siendo este un argumento peligroso al no darsele la importancia adecuada. Todo parece así obedecer a un ambiente de "juego de expectativas", donde el mito se confunde con la falacia, donde la confianza se busca recuperar en el lenguaje teórico con argumentos que a la luz de la experiencia y la evidencia rayan con la mentira.  

El actual desenvolvimiento de los argumentos y la evidencia, debería servirnos para establecer una crítica, pero también para pensar sobre los conceptos y la dinámica de las formas que los fundamentan, pues estos quizás ya no responden a las necesidades de la validez de la interpretación, es decir, es bueno preguntarnos sobre las relaciones de las variables para medir e interpretar mejor las situaciones, pues quizás lo que consideramos como mito en el argumento se fundamenta en una verdad de nuestra teoría, y esto sin duda, además de ser la sospecha para el escéptico que escucha atentamente la información, puede ser también un problema para quien escucha con fe como para los demás que reciben el mensaje de manera indirecta; y si es así, entonces ¿sobre qué conceptos o información se sugieren las políticas?, ¿Es un juego de azar la política económica?


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