Por Sergio Chaparro Hernández*
Grandes y chicos pegando masivamente afiches y luciendo manillas verdes; la gente en Colombia tomándose los asuntos políticos como un tema apasionante y tratando de poner todo su empeño en hacerle proselitismo a un candidato lituano sin recibir a cambio dinero o algún otro tipo de beneficio personal directo; las inteligencias de jóvenes entusiastas puestas gratuitamente al servicio de una causa política para producirle publicidad, escritos que convenzan o simplemente le aporten un nuevo adepto a la campaña de una persona con un pasado excéntrico; enormes marchas, tomas a centros comerciales y un movimiento virtual sin precedentes donde la muchachada trasnocha como nunca antes para intercambiar girasoles y opiniones varias sobre cómo se le puede ayudar a Mockus a transformar el país. En medio de tanto alboroto y todas las pasiones que acríticamente alimentan esta ola verde ¿Hemos entendido realmente lo que puede significar este movimiento para la historia de nuestro país?
Creo que nos hemos concentrado en analizar este fenómeno desde el marco estrecho de la dinámica electoral, pero a mi parecer estamos asistiendo a un movimiento que tiene la potencialidad de significar mucho más que la victoria de una campaña independiente tan audaz, en cabeza de un candidato singular. A mi juicio, lo que este movimiento puede representar es una verdadera ruptura con el pasado para abrir posibilidades distintas de futuro, sin embargo, que se embarque por el camino de la continuidad (y por lo tanto del fracaso) o por el camino del cambio exitoso, depende de lo que suceda en el presente. El futuro de la ola verde está aún por decidirse y, por lo tanto, debemos tomar una distancia crítica para evitar que se convierta en un motivo más de frustración de los tantos a los que nos ha acostumbrado nuestra historia política.
Antes de que se me reproche que estoy sobredimensionando la ola verde quisiera hacer una aclaración. Soy consciente que los problemas de este país son tan complejos como para aspirar a que un candidato presidencial que se limita a invocar principios éticos abstractos sin, por ejemplo, tener claridad en temas cruciales para la superación de la estructura productiva precaria, la enorme desigualdad social o la violencia endémica que nos agobia, pueda ser el artífice de las transformaciones que nuestra sociedad requiere. Es cierto que Mockus es proclive a la privatización, al modelo de seguridad social basado en el mercado cuya ineficacia resulta hoy más que evidente, a un patrón de inserción en la economía internacional que nos puede condenar a la prolongación del atraso, a un fuerte ejercicio de la autoridad que se distancia mucho de lo que uno considera que debe ser la manera de tratar los problemas, o a una democracia restringida donde con la idea de la superioridad de los argumentos de los tecnócratas se termina excluyendo a un sector importante de la sociedad de la toma de decisiones importantes. Reconozco que todas estas críticas de los escépticos que advierten que un gobierno verde no será la panacea pueden ser ciertas. Sin embargo, lo que me parece es que la propuesta de Mockus puede tener la eficacia que no ha podido tener ninguna de las propuestas de izquierda de los últimos años y es la de poner en práctica la idea de que si no cambiamos nosotros, los ciudadanos, no cambia nada.
Las transformaciones sociales pueden clasificarse en dos de acuerdo a quién sea el actor o los actores que las propicien. Puede hablarse de unas transformaciones de arriba hacia abajo, que son aquellas impulsadas por el Estado; y también puede hablarse de unas transformaciones de abajo hacia arriba, las cuales nacen en el seno de la sociedad, en la iniciativa que puedan tener los ciudadanos. Un ejemplo de las primeras puede ser el desarrollo de una estrategia macroeconómica por parte del gobierno que determina un patrón de desarrollo específico de la economía; un ejemplo de las segundas puede ser el de acatar la ley independientemente de cómo esto pueda entorpecer los fines que nos proponemos perseguir, o el empezar a tener la disposición a tolerar nuestras diferencias y a que nuestra forma de relacionarnos con los otros no se vea afectada por la filiación política, la etnia o el color de piel de los demás.
Lo ideal sería encontrar un gobierno que genere las transformaciones adecuadas de arriba hacia abajo (lo cual se descubre analizando cuál es candidato con el mejor programa) pero que también genere el entusiasmo y el compromiso suficientes para que puedan ocurrir cambios de abajo hacia arriba.
Viendo los debates podemos constatar que Mockus no tiene grandes ideas sobre las transformaciones de abajo hacia arriba requeridas para superar los problemas más graves del país, pero sí tiene una disposición a asesorarse de los que saben para que le diseñen buenas políticas. En este sentido, la ola verde no debería cerrarse a las aportes que personajes como Petro, Vargas Lleras o Pardo puedan hacerle el día de mañana; si el gobierno de Mockus se basa en la toma de las decisiones respaldadas por los mejores argumentos, entonces las tesis de estos candidatos y de sus partidos tendrían que verse incorporadas en un eventual gobierno verde. Sin embargo, esto quizás termine dependiendo de cómo le vaya a estos candidatos en la primera vuelta, razón por la cual votar por alguno de ellos con la convicción de que tienen el mejor programa, aunque de antemano se sepa que no tienen chance de llegar a segunda vuelta, no es necesariamente un voto perdido.
Pero por otro lado, la principal virtud de la campaña de Mockus es que ha adquirido la capacidad de suscitar cambios de abajo hacia arriba, que ha fundado, a través de una manera diferente de hacer política, un nuevo espacio de transformaciones sociales. Con sus palabras y sus actos Mockus puede tener un efecto importante sobre la forma de pensar y de actuar de quienes lo apoyan: es la primera vez que la gente está tan dispuesta a que un político se convierta también en su profesor, en alguien que tiene algo importante que decirles sobre la manera en que deben vivir. Por esta razón resulta fundamental que Mockus tenga la madurez política para afrontar lo que implica este desafío. Tiene que dar un ejemplo de coherencia con sus principios a un electorado confundido pero que se entusiasma con frases bonitas. Si todo ser humano tiene arreglo, entonces debe ayudar a que la gente deje de creer en que el mal solo se corrige a través del castigo (al punto de respaldar la cadena perpetua por una idea de una loca del partido verde con instintos de policía compulsiva). Si los recursos públicos y el cumplimiento de la ley son sagrados, entonces debe hacer consciente a la gente de sus pequeñas complicidades con los corruptos cuando contribuyen a herir el erario público, o de su doble moral cuando exigen que un presidente los ponga en cintura porque ellos mismos no son capaces de hacerlo. Si con la educación todo se puede, entonces Mockus debe aceptar que es preciso que la autoridad ceda cuando hay buenos argumentos de las personas que no comparten sus posiciones y propiciar por lo tanto el diálogo y la discusión razonada para que los conflictos sean resueltos inteligentemente . Por eso debemos ser vigilantes para que el protagonismo que está adquiriendo Mockus no lo enceguezca y radicalice su terquedad. Finalmente, si la vida es sagrada entonces debe ayudar a superar el odio que ha hecho que los colombianos pensemos que hay distinciones políticas o etiquetas que justifican la muerte de algunos seres humanos.
*Investigador del CEID y Economista de la Universidad Nacional
Argumentos interesantes… aporto a la discusión diciendo: La ola verde es más que un grupo de jóvenes entusiastas trabajando gratis para una campaña o un país votando en contra de un candidato; pareciera más la consecuencia lógica de un país, que polarizado en extremo, da pasitos para recuperar la confianza en el Estado y superar el miedo a opinar y buscar en la "legalidad", las garantías y los derechos sociales perdidos, atropellados y porque no decirlo, vendidos con descaro en los últimos 8 años.
ResponderEliminarPareciera que el país enfilara sus votos al verde por ser la opción con mayores posibilidades de incluir propuestas de quienes piensan diferente y tienen argumentos de peso sobre la mesa; más desde la búsqueda sensata de las garantías mínimas de la democracia que desde el anhelo partidista de las soluciones mágicas y totalitarias.
Por supuesto, respetando a quienes no votan verde en la primera vuelta, creo que el voto masivo verde desde el inicio, ayudará a que este partido recoja sus propuestas bien argumentadas y no precisamente según votos obtenidos. Quisiera entender que desde la lógica de la “legalidad”, la práctica clientelista de buscar asociaciones, no con ideas sino con el que más votos recoja, está mandada a recoger… pero que cada uno decida si en época de cambio, se queda con las taras de la politiquería tradicional. Zagath.
no se han dado cuenta que los comentarios son menos y menos y menos cada vez mas? ja ja... que pasa que se muere la fiesta ceid
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