“La vida intelectual es entonces la progresiva creación de formulas que permiten manejar la vida con el máximo de sencillez. Su verdad se mide tan sólo por su eficacia”. Xavier Zubiri
Cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) muestran que en Colombia la tasa de desempleo a febrero de 2010 es del 12.8 %. Cifra que para desgracia de los colombianos y del desarrollo de la economía nacional, se ha mantenido en su histéresis aducida a períodos de larga recesión, permitiéndonos ocupar durante varios períodos el podio de “los que más desocupados” tiene en Latinoamérica desde hace varios años. Igual sucede con la denominada informalidad y los “trabajadores por cuenta propia”, al mismo tiempo que los contratos que disminuyen progresivamente el salario real de los trabajadores formales (incluso para los más cualificados) siguen siendo la moda. En fin, el problema del desempleo (el cual quizás es el principal para la Ciencia Económica) es sin duda alguna el principal reto de los hacedores de política y de los gobiernos en la actualidad (Medida que por ejemplo debe ser bien sopesada por la ciudadanía en una época electoral como la que nos convoca por estos días nuestra cada vez más languidecida democracia). Son varios los factores que explican esta dinámica, pero basta con una ojeada a la opinión de expertos en distintas fuentes para hallar una explicación común en el ambiente contemporáneo: la desaceleración de la economía. No obstante, si esta es la principal explicación ¿por qué incluso en períodos de “vacas gordas”, la tendencia (no el ritmo únicamente) de crecimiento de la economía no fue acompañado por una misma dinámica en el empleo?, ¿por qué las políticas de flexibilización laboral (fundamentalmente las relacionadas con la ley 50 de 1990) no crearon el nivel de empleo formal que prometieron sus proponentes, los empresarios y los gobernantes de turno y predecesores que las implementaron?, pero en el fondo la pregunta de interés es: ¿a qué obedece que no sigamos una hoja de ruta “distinta” tanto en la explicación de los fenómenos económicos como en la forma de implantar las políticas?
En la referida frase del filósofo español Xavier Zubiri, el pragmatismo es una de las formas en las que se integran verdades y necesidades en un “ambiente de realidad” (podemos ser más ambiciosos y decir, para un período de la historia) que concilia la Ciencia y la vida de sus fundadores. Durante más de un siglo un paradigma del saber y del hacer ha sido la teoría Neoclásica, la misma que algunos denominan como tradicional o convencional de la misma forma que lo haría cualquier persona a una rutina no sujeta de cambios esenciales como puede ser bañarse o comer. Esta teoría se convirtió en el paradigma y sus críticas han sido o bien integradas al programa de investigación o relegadas en el campo de lo ajeno a la relevancia. Cualquier libro de texto paradigmático y sus juiciosos lectores (donde puedo incluirme) nos dice que el desempleo obedece principalmente en el corto y mediano plazo a comportamientos propios del desenvolvimiento de los fenómenos económicos relacionados con el intercambio y la producción, que se pueden resumir en dos para el caso de la problemática abordada: la sustitución de factores (condensados en dos: trabajo y capital) y la presencia de rigideces de precios (en este caso los salarios).
Sumergido en el análisis de una economía capitalista, donde principios como la libertad individual y el respeto por la propiedad sean respetados, es sin embargo difícil para mentes poco conformistas (o poco rutinarias), escapar de los dilemas tanto profesionales como éticos recurrentes al cuestionarse sobre lo que se cree saber, por lo que se debe propender y sobre todo por lo que se concibe en la realidad y los límites de la comprensión de los fenómenos bajo ciertos principios teóricos. En este sentido, un paradigma sin duda encierra al individuo en un mundo particular, a veces tan hermético que cuestionar su pertinencia aún en presencia de persistentes contradicciones con la realidad es una labor compleja tanto a nivel individual como social. Este comportamiento sin lugar a dudas es legitimado por principios ideológicos, un cumulo de valores que no le permiten al teórico que niega la conciliación entre lo que ven los ojos y las imágenes que construye la mente por efecto, por supuesto, es totalmente legítimo, nadie puede dejar de lado lo que la política y la vida en sociedad le impone como principios; por eso es quizás que Keynes afirmaba que la Ciencia Económica es un ciencia moral. No obstante, el individuo y la sociedad deben sopesar entre lo que lo define y lo que le conviene. En el caso del desempleo, no es mentira, en realidad hay formas alternativas de verlo y de proponer soluciones eficaces. Modelos tanto complejos como simples en el marco de las teorías Keynesiana y poskeynesiana muestran que en una economía con un marco institucional no muy distinto del actual bajo otras perspectivas puede conducir a mejores resultados o al menos a otras explicaciones.
Si cierto enfoque no da los resultados que se esperan (veinte años de fuertes reformas en políticas laborales por ejemplo deberían servirnos como evidencia) y por el contrario conducen a desmejoras, ¿por qué no probar con otras formas? La respuesta no parece ser la crítica que legitima el paradigma actual en economía: la economía no es un laboratorio; sino a una cuestión política. No puede haber otra explicación para que por ejemplo unas teorías bien concebidas como las que se desprenden de la Teoría General o del análisis Kaleckiano, que en su estructura conceptual son totalmente legitimas y consecuentes, queden al margen de “la caja de herramientas” del hacedor de política. El principio de demanda efectiva que incluso tiene la capacidad de demostrar el por qué de la existencia de un fenómeno como la informalidad en el trabajo y el por qué de su persistencia, que permite ver como la economía llega a mejores resultados en términos de producción y bienestar con un estimulo a la demanda agregada mediante aumentos del gasto autónomo y/o el alza salarial, no son concebidos como relevantes inclusive notando que otras naciones (caso de Estados Unidos con la aplicación de los planes de rescate) de manera indirecta los aplican, pero más aún cuando sus explicaciones y principios se ajustan a una realidad económica particular.
El teórico, el gobernante y en sí la sociedad deben darse cuenta cuando sus principios ideológicos y el rezago de conocimiento que le generan sus paradigmas, chocan con la realidad en la que viven, no es una necesidad de rebelarse como muchos matizan con prejuicios derivados de la ideología, es un llamado a conciliar conocimiento y verdad con realidad, un llamado a ser más consecuentes, un tanto pragmáticos (así estemos impregnados de racionalismo).
*Economista de la Universidad Nacional de Colombia, miembro e investigador asociado al Centro de Estudios Interdisciplinarios sobre Desarrollo (CEID).
Buena columna. Creo que da en el punto exacto sobre el problema de cuáles deben ser los criterios de selección entre teorías rivales, al menos en la economía (idea que paradójicamente es defendida por uno de los teóricos mas grandes de la ortodoxia como lo es Milton Friedman, aunque en esa época el tenía la realidad a su favor). Y también ofrece una explicación convincente de por qué a pesar del fracaso de la teoría orotodoxa esta sigue siendo defendida obstinadamente. Esto me lleva a pensar que el problema del desempleo solo podrá solucionarse cuando haya un cambio de orientación política de nuestros gobiernos, o por lo menos cuando la presión de los movimientos sociales sea lo suficientemente fuerte para que los políticos tradicionales asuman un enfoque mas pragmático que los lleve a considerar otras opciones. Por lo pronto creo que la academia debería propiciar que por lo menos los economistas del futuro no reproduzcan los errores de sus antecesores, enseñando alternativas a la teoría ortodoxa.
ResponderEliminarSin embargo creo que un análisis de la experiencia internacional no nos lleva a descartar del todo la necesidad de la felxibilización (la cual se efectúa en Colombia no solo con la ley 50 sino también con la ley 789 de 2003). La CEPAL ha mostrado que el enfoque óptimo en lo laboral, bajo el cual la percepción de seguridad en el trabajo es mas alta pero también donde la competitividad de las empresas es relativamente elevada, es el de la flexi-seguridad. Consiste en desligar la seguridad social del mundo del trabajo y brindarla a través del universalismo de los derechos sociales garantizado por el Estado. Pero también en disminuir los costos de despido y las rigideces salariales para que no se afecte la productividad y la capacidad de ajuste y adaptación de las empresas. Los niveles de desempleo de estos países son además los mas bajas y el impacto de las crisis se hace vía salarios y no vía volumen de empleo, lo cual garantiza que no haya histéresis en el mercado laboral.
No obstante, en nuestros países, la implementación de este tipo de políticas se enfrenta a dificultades estructurales, de las cuales destacaré dos: la debilidad fiscal del Estado y las dificultades de financiación de la seguridad social (la deslaboralización ha determinado que 30% de los afiliados estén en regimen contributivo y 60% en el subsidiado cuando debería ser al contrario) y la existencia de un sector informal donde las regulaciones del Estado son difíciles de implementar y donde no hay ningún tipo de beneficio fiscal por sus actividades productivas.
Tal vez, el problema del desempleo no sea lo único pertinente a las ciencias económicas. Y ahí, no comparto su priorización de los temas. Educar a la sociedad y evitar la sobrepoblación. El frenesí de reproducción que en un futuro aumenta nuestro trabajo como economistas por la proliferación del desempleo, es algo a lo que debemos apuntarle... No hay que seguir con esa racionalidad lineal en la que pensamos... Hay q mirar otros paradigmas del análisis.
ResponderEliminarYo creo que el empleo no es lo unico importante, pero si lo que puede solucionar los mas importantes problemas sociales...en ese sentido me inclino hacia la posicion de Carlos... lo que si es discutible es si en realidad en un capitalismo periférico es posible solucionar el problema del desempleo.
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