domingo, 18 de abril de 2010

OPINIÓN: "DEL PLURALISMO EN EL SABER AL PRAGMATISMO EN EL HACER: UNA AUTORÉPLICA"

Por: Carlos Alberto Suescún Barón*

 
Hace ocho días en este mismo espacio opine sobre el carácter pragmático que debería ser adherido a los principios de acción de política económica de los gobiernos, y en sí de las decisiones que deberían tomar las personas o los distintos actores organizados y no organizados en un ambiente democrático. Este carácter pragmático escribí en ese texto, se justifica por el hecho de que muchos criterios de decisión sustentados en algunas teorías no van acorde con unas evidencias y comportamientos de las variables en la realidad. Para tal efecto tome el ejemplo del desempleo y la interpretación que desde la teoría neoclásica se tiene de su existencia en el corto y mediano plazo, las justificaciones de su persistencia y las soluciones del mismo; al mismo tiempo que reseñe la posibilidad de utilizar un enfoque distinto de la misma problemática, sustentado en el hecho de la conveniencia y la relevancia del mismo dadas las condiciones actuales, tal sugerencia recae sobre todos los desarrollos alternativos que tienen por núcleo el principio de Demanda Efectiva.

Hoy, ocho días después del llamado a esa reflexión, debo decir que hay un vacío en tal análisis o propuesta: ¿de qué sirve llamar al pragmatismo en la práctica cuando no tenemos pluralidad en lo teórico? Sin duda, sé que muchos estudiantes tenemos la posibilidad en una institución como la Universidad Nacional de conocer además de múltiples enfoques teóricos en nuestra misma disciplina, también la de intercambiar con otras disciplinas de manera sistemática aún en el pregrado (un aspecto que rescata nuestro grupo, al considerar como fundamental lo Multidisciplinario). Aún así, el peso que genera un paradigma en el saber es un aspecto de suma importancia a la hora de cuestionar aspectos tanto pedagógicos como de contenido de los distintos programas en Ciencias Sociales, en especial los de Ciencias Económicas. De esta manera puede resultar completamente inocua la propuesta de indagar en otros enfoques la esencia de las problemáticas y las medidas que se debieran tomar en torno a ellas, si antes no se reflexiona por algo, que incluso vale la pena reseñar, apareció como comentario a mi anterior columna de opinión: la educación.

Es pertinente en estas épocas de crisis y contradicciones, cuestionar tanto lo que se aplica como lo que se enseña, de tal forma que ampliemos como científicos el espectro de análisis tanto de las interpretaciones como de las acciones (políticas); bien sea como un impulso del saber, es decir, haciendo de la diversidad de enfoques en la enseñanza un potencial y no un desperdicio (tal y como se interpreta desde la enseñanza en un sentido funcionalista reducido sustentado en los enfoques por competencias laborales, por actividades especializadas, etc.), o simplemente por una necesidad a la que obligan las situaciones especificas de una coyuntura particular susceptible de ser analizada desde diversos campos del análisis que en definitiva son del interés común.

Es por tal motivo que quizás pedir un enfoque alternativo en la conducción de las políticas, como las que servían para ejemplificar los problemas del desempleo bajo los enfoques relacionados con la Demanda Efectiva, cuando se desconoce (o se estudia de manera marginal) la naturaleza teórica del mismo concepto, los supuestos de los modelos que se han desarrollado, y en sí todo lo que contienen los programas de investigación relacionados (incluidas las limitaciones), puede ser irrelevante, además de peligroso. Así, antes quizás de cuestionar lo que hacemos (o lo que otros hacen), y proponer (con justa razón quizás) enfoques alternativos, es importante analizar las limitaciones, la fragmentación y la unidireccionalidad teórica a la que nos conducen los paradigmas legitimados y sostenidos en el proceso de aprendizaje (caso fundamental, sin duda es la educación superior), esto con el fin de propender a una emancipación de los límites del conocimiento que permitan con el paso del tiempo una mayor capacidad de reacción ante los problemas subyacentes en un ambiente o tiempo particular, o al menos reduciendo el riesgo de error por efectos cíclicos de malas interpretaciones.


*Economista de la Universidad Nacional de Colombia, miembro e investigador asociado al Centro de Estudios Interdisciplinarios sobre Desarrollo (CEID).

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