Por: Andrés Fuerte Posada – CEID
En la tradición económica ortodoxa, un bien público se define como aquel que tiene dos cualidades: no exclusión y no rivalidad. Es decir, no se puede evitar que alguien consuma el bien y el hecho de que alguien lo consuma no disminuye las posibilidades de consumo de los demás. Se acostumbra decir que es difícil encontrar un bien público puro, ya que muy pocos bienes cumplen estas condiciones. No está de más recordar que esta es sólo una definición de una corriente específica de la economía y que hay espacio para otro tipo de conceptos.
En principio, algo como un libro, una pieza musical o una película, son bienes excluyentes y en algunas ocasiones rivales. Si yo leo un libro, es difícil que otras personas lo lean al tiempo y es posible impedir que alguien lo lea. El análisis se puede extender a la música, las películas, teorías científicas, etcétera.
Sin embargo, algunos avances tecnológicos, combinados con ciertos fenómenos sociales han cambiado un poco el panorama. Los libros pueden escanearse y colgarse en internet; la música puede quemarse, digitalizarse y difundirse fácilmente, al igual que las películas en ciertos formatos. Esto quiere decir que los bienes culturales o de contenido científico pierden su condición de fácil exclusión. Ahora, si se difunden libremente, se presenta un problema inminente: nadie paga por consumir el bien y por lo tanto, no hay incentivos para su producción o quienes los producen seguramente llegarán a la quiebra.
Ante este problema, surgen los derechos de propiedad intelectual, que buscan salvaguardar los intereses de los científicos, innovadores y artistas. Hacerlos respetar no es una tarea fácil y la sociedad parece esforzarse (sin mucho éxito) en lograrlo a través de diferentes campañas e incluso de castigos legales a quienes no respeten estos derechos.
Empresas como blockbuster, tower records o Betatonio, que se dedican a la comercialización de material legal están casi desaparecidas. Por otro lado, en el TLC que Colombia esta en proceso de firmar con USA, se incluyen fuertes sanciones para quienes violen la propiedad intelectual, incluyendo las patentes de los medicamentos. Cada vez aparecen técnicas más sofisticadas para proteger las obras artísticas en formatos digitales que luego son quebrantadas y se sigue persiguiendo a vendedores ambulantes quienes con el afán de sobrevivir se dedican al comercio de mercancía pirata.
El llamado es entonces a tratar la ciencia y la cultura como bienes públicos, proveídos mayoritariamente (aunque no exclusivamente) por el Estado, con contribuciones progresivas de la sociedad. Las razones son básicamente dos, además de las ya expuestas: es injusto que los artistas y científicos no obtengan una retribución por su trabajo. Por otro lado, es deseable que toda la población acceda tanto a la ciencia como al arte, sin importar su nivel de ingreso o condición social. Puede sonar utópico (“you may say I’m a dreamer…") en el momento, pero debemos dar pasos en esta dirección.
Me parece muy interesante su observacion acerca del caracter de bienes públicos que tienen las creaciones del orden artistico y cientifico. Quisiera hacer una breve digresión:
ResponderEliminarLa difusión de estos bienes a traves del uso de nuevas tecnologías no tendría porque verse necesariamente como un problema. Muchos artistas aceptan este cambio que se ha venido gestando desde hace muchos años. La 'industria' cultural, la de los medios masificados y homogenizantes, se opone precisamente con el argumento que plantea usted: no se le están ofreciendo incentivos ( del orden economico) a los artistas para que permanezca la produccion creativa. Este argumento, al menos para el caso de la produccion cultural en paises industrializados, es algo falaz. Puede ofender incluso a aquellos que pretenden que sus obras sean vistas como ' el arte por el arte', una posicion que en todo caso debe ser aceptada e incluso valorada.
En suma, los incentivos economicos no funcionan de la misma forma en la 'produccion' cultural. Obedecen a eso que los economistas tipificamos como conductas no tan racionales, suboptimas segun nuestros criterios. Esta concepcion merece ser cambiada, pues evidencia nuestras limitaciones al entender ciertos comportamientos que se excluyen de nuestro analisis tradicional.
Gracias por el comentario. Justamente, a lo que me refiero es a que se deje de manejar la producció cultural como un negocio y la sociedad lo tome como algo que debe ser distribuido libremente. La idea es que los creadores reciban un reconocimiento por ello, ciero "bienestar". Ahora, si su alternativa es no recibirlo, no habría inconveniente.
ResponderEliminarPor otro lado, aclaro que el análisis es desde la teoría tradicional, lo que no quiere decir que no existan otras formas de ver el problema
Tengo una pregunta que me genera curiosidad del comentario de Eder. Esos artistas que hacen arte por el arte, ¿de qué viven? ¿Tienen otros trabajos? ¿Les pagan tan bien, por ejemplo a los artistas plásticos, por sus obras originales o por exhibirlas en una galería? Es que me parece que el problema que destaca Fuerte es fundamental, y yo no comparto que la soluciòn tenga que ser el fortalecer los derechos de propiedad intelectual (ademàs de que quizàs no sea efectiva como bien lo dice Fuerte). Me parece -aunque esto es polémico desde varios puntos de vista empezando por el de la teorìa tradicional- que estas formas de exclusión frenan el ritmo de nuevas innovaciones.
ResponderEliminarCreo que hay ejemplos notables de que una comunidad basada en el reconocimiento puede funcionar, aunque por supuesto que no tan eficazamente como si a los creadores se les pagara por su trabajo. Lo interesante es que aquì el pago se da en especie, de manera que la gente tiene incentivos para cooperar (aunque afortundamente siempre existiremos los "free riders", los cuales sin embargo podemos ser los que nos tiremos todo). La cooperaciòn y los ritmos de creaciòn de nuevos productos en las redes de software libre es impresionante. Lo interesante sería buscar mecanismos de financiación para los creadores que no limiten el acceso tal y como se da hoy en dìa. Sin embargo, al convertirse esto en una dinàmica trasnacional, no creo que los paìses desarrollados estén dispuesto a asumir unos costos de una actividad cuyos beneficios terminan por recibirlos todos. Creo que serìa un deber moral que tendrìan con el mundo pero pretender esto serìa utòpico. Quizàs la soluciòn sea la creaciòn de una instituciòn internacional financiadora de conocimientos a nivel mundial, y donde los Estados hagan aportes de acuerdo a su capacidad, para asì intoducir un elemento redistributivo en el asunto. No he escuchado nunca algo asì pero de seguro a alguien ya se le debe haber ocurrido.
Sergio: al referirme al 'arte por el arte' no quiero implicar que los artistas, o en general, aquellas personas que se dedican a la generación de bienes culturales no tengan que recibir un incentivo o una compensacion economica por su produccion, muy valiosa en estos tiempos de carencia de ideas y de masificacion.
ResponderEliminarUna solucion institucional no me parece pertinente. La UNESCO u otros organismos no han podido aumentar la generacion de bienes culturales, no por una falta de incentivos a los artistas, sino por una dinamica ajena a esta produccion.
Pienso que se deben proteger ciertos derechos minimos ( el copyright, por ejemplo) pero se tiene tambien que incentivar la creacion artistica mediante una politica cultural mucho mas incluyente.
Por otra parte, los artistas tienden al estoicismo: niegan y desprecian al dinero muchas veces y suponen que su obra no esta ligada a estos intereses. Eso puede o no ser cierto, pero el ideal deberia ser defendido: puesto que el arte es algo que va mas alla de cualquier satisfaccion economica, recalca algo que no puede medirse ni comprarse como cualquier otro bien.