jueves, 29 de abril de 2010

El concepto del desarrollo: una nota sobre las categorías en lo económico.

Eder Carrascal*

Una breve inmersión en la discusión pertinente a la cuestión del desarrollo denota un problema cuya resolución es evidentemente compleja y difícil.
Este problema ha radicado en la multiplicidad de perspectivas, que se presentan provenientes de marcos teóricos aparentemente distintos y disimiles. Se trata en suma de permitir una definición acertada y clara sobre lo que implica el desarrollo. Siempre se ha visto que la ciencia económica ha generado todo un campo de investigación, lo que al profano le parecería cierto asumir que el desarrollo económico es en últimas desarrollo en sí. Nuevas perspectivas desde otras ciencias sociales agregan elementos de discusión, y no creen en la idea economicista de que el desarrollo se base simplemente en una idea de progreso material.
El desarrollo debe ser integral, y se hace consideración de los factores políticos (que no hacen parte esencial del neo-institucionalismo, por ejemplo) o la estructuración de una dinámica social (el marxismo re-visitado), entre muchos otros, que en principio deberían aportar algo a la tarea de hacer el concepto de desarrollo completo y comprensible, carente en lo posible de zonas oscuras e indefiniciones.

No es mi intención realizar una teorización al respecto; más si quiero poner en evidencia el hecho de que en la ciencia económica la construcción de conceptos, de categorías y de formas analíticas, es un reto para aquellos que se han formado asumiendo inclusive la significación de los conceptos de uso general en economía. Es decir, difícilmente hallaremos a un economista que se pregunte sobre el contexto y la forma propia de la idea de la oferta y la demanda, pues son conceptos cuya aceptación está dada, y la puesta en duda del uso de tales conceptos es vista como una inútil tarea investigativa. Y así como estos codificadores del orden del conocimiento económico son aceptados, se acepta el resto de elementos. No se entra en una discusión semántica por considerarse ajena a las labores de la disciplina, y la filosofía del lenguaje es tan extraña para el economista como gran parte de las discusiones que ocurren y trascienden en otros campos referentes a lo social.

Un punto de partida para mostrar la forma como en la economía se resuelven estos problemas está en la idea de Myrdal de que el desarrollo engendra sus propias validaciones, y se desentiende del análisis subyacente. Este economista sueco reconoció siempre las limitaciones del análisis económico tradicional; pero como muchos ( quizá, sospecho, la mayoría) no rechazó de plano la idea, derivada del análisis de Solow, de que el crecimiento es un sinónimo valido del desarrollo económico, y que la diferencia radica en el estado temporal en que se encuentren. O sea que el crecimiento económico (del PIB o de cualquier otro indicador ‘macro’ asociado) de corto plazo debe generar una senda óptima hacia el desarrollo, en ultimas la agregación de largo plazo de los efectos que genera el crecimiento económico. Esta idea, por simplista que parezca, es ciertamente difícil de falsear, quizá por su sencillez y evidencia empírica, o quizá porque el desarrollo es una incierta variable difícil de desagregar. La equivalencia crecimiento/ desarrollo parte del supuesto neoclásico de que el largo plazo es una sumatoria de pequeños plazos, con ciertos comportamientos adicionales pero en todo caso secundarios. Si no existe un concepto claro y definitorio sobre lo que quiere implicar el desarrollo, entonces la equivalencia, por contradictorio que esto parezca, permanece. No es gratuito entonces que Solow afirmara, en su teoría del crecimiento, que aquel factor dinámico (el A (*) del modelo tradicional) era la medida de nuestra ignorancia. Es claro que no saber la determinación del crecimiento de una manera más amplia es un problema; pero es de mayor gravedad hacer conexiones y afirmaciones sobre postulados que tienen una validez limitada.

No comparto la idea del relativismo, tal y como surgen en los trabajos de Godelier, en los que se expresa que el contexto socio-político fundamenta y da inicio a la ruptura difícil de conciliar entre perspectivas distintas sobre los problemas que la economía debería resolver o investigar. Yo entiendo que es muy diferente la visión que tenga un estudiante norteamericano conmigo sobre el problema del desarrollo, pero eso no implica que tenga que abandonar todo intento por comprender su situación y contexto. El relativismo ha pretendido desde mucho tiempo generar marcos teóricos que desentrañen los conceptos fundacionales de las ciencias sociales ( un término, usado muy burdamente, sería la deconstrucción como modelo de cuestionamiento de los paradigmas mantenidos en las disciplinas de lo social) generando salidas igualmente alternativas, pero que tienen el serio problema de no poder mantenerse como válidas, pues han generado la estructura idónea para un cuestionamiento que no tiene un final previsible sobre la idea misma del concepto que se quiere.

Los economistas deberíamos ser conscientes de varias cosas, a la hora de que se presenta esta discusión.

Deberíamos comprender que el uso de axiomas y supuestos es válido, como en cualquier ciencia, y que la acusación del ‘exceso de supuestos’ o del ‘irrealismo’ de las teorías tiene que ser argumentada bajo el hecho de que tales supuestos están mal construidos o formulados; además, no hay un método claro que determine cuantos y cuales supuestos utilizar. Pero que tampoco podemos dejar de lado la grave cuestión de que, sin importar el exceso de supuestos, las teorías no están sirviendo para comprender una realidad económica cada vez más apabullante; entonces el postulado de Friedman, una de las bases de la epistemología neoclásica a mi entender, no puede mantenerse con tanto orgullo.

Por otra parte, debemos ser conscientes del uso de los vocablos, y reconocer el factor politico que muchas veces puede implicar. Bien lo indican Myrdal o Gunder Frank cuando afirman que la construcción de un orden económico siempre deviene en categorías económicas que en últimas son sinónimos del orden politico. Cuando los países se etiquetaban como desarrollados o subdesarrollados, había una clara consciencia del papel pasivo de éstos últimos en el orden politico mundial. Esta categorización fue cambiada al ‘políticamente más correcto’ concepto de vías hacia el desarrollo: países que transitaron ya esta ruta frente a países que todavía siguen el camino hacia el desarrollo. Luego, se revisó el concepto por la presunción de que se estaba incurriendo en un paternalismo indeseable por parte de los países económicamente mas desarrollados. Es por ello que ahora el orden se ha fracturado, dejando en una gran incoherencia la cuestión última del desarrollo.

Quisiera concluir con la idea de que a veces los economistas usamos términos anacrónicos y que en otras disciplinas suscitarían un debate encarnado y polémico (el desarrollo económico es un discurso desarrollista que desconoce todos los factores sociales de relevancia, según la antropología del desarrollo, o la sociología de Pearsons). Es muy difícil convencer a los defensores de la teoría tradicional en economía que tales términos no son coherentes y que son usados por mera inercia. Y he ahí uno de los problemas más serios, en mi consideración, que afronta la disciplina económica: se ha perdido la capacidad de delimitar el campo de acción de la teoría puesto que sus conceptos más elementales, que deberían ser aceptados con un consenso relativamente amplio, son debatidos y rechazados por otras ciencias sociales, que se preocupan tanto en el fondo, como en la forma de las teorías que producen.



Referencias:

Myrdal, G. El elemento político en el desarrollo de la teoría económica. 1967. Ed. Gredos. Madrid.
Godelier, M. Racionalidad e irracionalidad en Economía.1982. Siglo XXI. México
Friedman, M. Essays on positive economics. 1975. Fendham-Carnegie Fund Papers. Boston.
* Estudiante de Economía. Miembro del CEID








1 comentario:

  1. Me parece clave la cuestión de replantear y examinar permanentemente los conceptos base, creo que en ese ejercicio es donde se encuentra el germen de los grandes desarrollos de la ciencia: los que implican un avance cualitativo y no meramente cuantitativo. Sin embargo, creo también que se requiere cierto grado de operatividad que implica que uno debe trabajar con un conocimiento sólido para resolver problemas. Y mientras los problemas se estén resolviendo esta operatividad no tiene porque entrar en crisis. El problema es cuando se entra en la esquizofrenia de hacer teoría por la teoría, de aplicar métodos de análisis recurrentemente sin que los problemas se resuelvan. Creo que en parte eso es lo que nos está sucediendo a los economistas profesionales actualmente.

    Sin embargo creo que la identificación entre desarrollo y crecimiento si ha sido cuestionada. De hecho se han desarrollado importantes indicadores para medir el desarrollo y tener una aproximación mucho mas rica que la que ofrecen las tasas de crecimiento. Lo que sucede es que indudablemente el crecimiento sigue siendo un factor causal importante del desarrollo que no puede desconocerse. La academia por lo tanto debería poner mas énfasis en que a los economistas se nos enseñen aquellas teorías que dudan de la identificación entre crecimiento y desarrollo para comprender posteriormente los importantes vínculos y canales de transmisión entre un concepto y otro.

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