A los economistas se les achaca siempre su insistencia, casi que su tozudez, en creer en la individualidad, en el atomismo social, si se quiere así expresar, como una forma análitica útil y válida para entender y sintetizar comportamientos generalizables en las relaciones del orden económico.
Esto no sería del todo malo si se reconociera que hay una contradicción entre el marco teórico en el que nos apoyamos y la praxis, lo que defino, esencialmente, como la implementación, de unas políticas económicas, que por lo demás están inscritas en un contexto social, conflictivo y polemizante. Se pasa de agentes racionales, con preferencias completas y ordenadas a políticas económicas de estabilización, de crecimiento convergente y de sostenibilidad en sociedades donde los agentes racionales son meros artificios, métodos análiticos eficientes que se estrellan con una realidad que los hacen inoperantes.
Pero basta de retórica, que creo todos conocemos.
Una mirada casi al azar de un artículo de The Economist me hace pensar en qué tanto nos hemos equivocado. La percepción desde los centros de pensamiento relevantes, en los periódicos y medios de comunicación internacionales, es que la región ha fracasado. Fracasó al intentar implementar una industrialización tardía y mal hecha: tardía porque empezó a vender bienes de niveles de baja complejidad cuando la economía internacional formulaba otros patrones de comercio, le ponía a la competencia desleal otros tipos y regulaciones. Mal hecha porque aquí siempre existió una oligarquía inútil, parasitaria, paranoica con el poder político, que prefirió la comodidad del latifundio al trabajo arduo de la fábrica y el comercio (suena rimbombante, lo sé). Fracasó después la región al adoptarse a una desindustrialización y a un desmonte del sistema económico precedente. Fracasa ahora en mantener políticas de crecimiento y equidad de la mano...
Quizá en The Economist, como dicen ellos mismos, intentan no irse por estos extremos ideológicos, y el artículo no sea la mejor muestra de ello. Quizá, después de todo, pueda hablarse con toda sinceridad que hemos perdido demasiado, y que el camino del desarrollo sí sea culebrero.
Me llama la atención el debate que hacen y dicen que acá confundimos los fines con los medios. Siempre ha sido así. Por ejemplo: la acumulación de oro, tierras y rentas que no generaran ningún rendimiento adicional se interpreta como un fin, cuando en últimas era un fin, para un desarrollo capitalista que hasta ahora es vislumbrado y entendido. "Si hubieran hecho esto! o aquello! seguramente no les ocurrirían tantas cosas fatídicas" ( la opinión de un forista de Virginia)
¿ Será que ese es el problema?
Para salirme aún más del formal y alegre tema de la economía: les recomiendo la novela de Aldous Huxley, 'Ciego en Gaza'. Y la sentencia moral de uno de los personajes: "Es la nobleza de los medios lo que justifica, da forma y validez a los fines, soñados y esperados por todos". Por útopico que parezca, quizá la solución de muchos conflictos, en lo económico o en cualquier aspecto se encuentre en mirar el orden y la hilación de la lógica de otra manera, quizá al revés, quizá de una manera que de mucho más que pensar.
Eder Carrascal
IEA World Congress 2021
Hace 4 años
Los que defienden el principio de racionalidad reconocen que puede ser poco realista, sin embargo defienden su pertinencia fundamentando teóricamente un enfoque normativo de la economía positiva, como nos explicó alguna vez Cataño.
ResponderEliminarSi bien los seres humanos no hacemos un completo análisis costo-beneficio cada vez que tomamos una decisión, sí somos mas o menos racionales pues preferimos mas que menos y tenemos una intuición imperfecta de cuales de nuestras posibles acciones nos representarían mas beneficios. En esto radica la fortaleza del análisis económico, el cual no es otra cosa que un método de estudio que supone que la gente prefiere mas que menos y que actúan conforme a esta preferencia. Por ello es que la economía empieza a colonizar con éxito otras ciencias sociales, o por lo menos las obliga a reexaminar sus supuestos básicos. Aunque reconozco que hay experimentos que demuestran que en ALGUNOS ESCENARIOS nuestras pasiones, o nuestros valores distorsionan nuestra capacidad de tomar decisiones racionales.
En cuanto a la confusión fines-medios no me queda muy clara. Creo que el error está mas bien en la misma teoría del crecimiento que ha afirmado que la acumulación es una fuente automática de crecimiento, cuando en realidad solo puede llegar a serlo si se dan otros factores. En Colombia la acumulación improductiva de tierras, por ejemplo, se explica porque la propiedad de la tierra por si sola ha sido un factor de poder económico y político. Si se controla el territorio se limita la posibilidad de acceso a un factor indispensable para producir y para que los individuos puedan llevar un proyecto de vida, y se adquiere un poder de negociación enorme que termina convirtiendo a los gamonales en los principales actores sociales y políticos, pues nada se hace sin su consentimiento.